Un
tipo quiere comprar las tierras de Voodoo Child (Radha Mitchell).
Ella no quiere vender. El tipo es de los que insistirá. De momento
se va. Voodoo le pega un tiro a la rueda del coche y lo hace volcar.
Tú piensas: Cómo te pasas, tía. Pero 10 segundos después
cambias de opinión. Voodoo hacía bien.
Tiene
todo lo malo que debe tener una película. Desde la adolescente
idiota a incongruencias monumentales. Esa llegada del helicóptero y
el despliegue, cuando habría bastado una llamada para decir que
hemos llegado, marca el tono ilógico.
Pero
tiene lo necesario para ser entretenida. No se toma en serio a sí
misma, no pide perdón cuando te coloca una machada que les apetecía
colocar porque sí y toman decisiones demenciales.
Además
de la citada Mitchell, están Ioan Gruffudd y Tim
Roth que es un francotirador malévolo que parece dotado de
poderes mágicos de señor oscuro. Pero tiene una psicología de
traca que mola mucho.
Menos
tonterías en el guion, un esfuerzo por dotar la trama de más
coherencia, ofrecería un mejor resultado. Pienso que de esta idea, alguien, en alguna parte, pudo hacer algo decente.
-Dragón
está aquí y está apilando cadáveres.
