Que
parezca un accidente.
Todo
el mundo tiene un pasado. Los personajes de Ozon tienen
pasados para repartir. Con la memoria que cargan encima es fácil
desarrollar traumas y psicologías complejas en diferentes
direcciones.
Michelle
recibe a su hija Valérie y su nieto Lucas. En la comida sirve setas
y Valérie recibe una dosis tóxica.
A
partir de ahí se suceden acontecimientos que Ozon, a base de
elipsis, de un montaje deliberadamente ambiguo y de conversaciones
ajustadas, convierte en un suspense. Y uno decide si ahí ha pasado
algo o no. Un accidente que pudo o no serlo conduce a otro accidente
que conduce a…
Creo
que le hacía falta un toquecillo algo más humorístico. O tal vez
es que me parece una película terriblemente cínica y me gustaría
un cierto desahogo. Es fascinante cómo Ozon no juzga a sus
personajes. Los expone, los caracteriza con habilidad y luego deja a
los espectadores sumidos en la complejidad de vidas humanas con
serios conflictos.
¿Hasta
dónde se extiende en el futuro el pasado de la abuela? ¿Los eventos
son accidentes, actos intencionados o ni los mismos personajes saben
su voluntariedad?
Culpa,
segundas oportunidades, familia, maternidad. Hay en todos mucho
egoísmo, instinto de posesión. En las conversaciones y actitudes hay tantísimos pequeños detalles que aportan matices y sugerencias... Repasas mentalmente algunos diálogos y se te ponen los pelos de punta.
Muy
bien interpretada y bastante bien captado ese universo rural francés.
Hasta
que al final cae el otoño.

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