-Que
se vuelvan locos no me parece nada misterioso. Lo que no entiendo es
por qué no se han vuelto locos antes.
Otro
ejemplo de cómo el Western se transmuta fácilmente en space
opera. Tanto el Oeste como el espacio comparten la idea de
frontera con todo lo que ello lleva consigo: construir algo nuevo, la
ambigüedad de la ley, hacerse a uno mismo…
Atmósfera
cero es la versión espacial de Solo ante el peligro.
Sean Connery es el nuevo Gary Cooper.
Estamos
en Io, la tercera luna de Júmpiter. Allí hay una instalación
minera, llega un nuevo sheriff y se extraña de la excesiva cantidad
de suicidios que han sucedido en los últimos meses.
Es
una película de 1981 y por aquel antes entonces en la
ciencia-ficción había un cóctel asombroso de obras de cierta
calidad y otras intragables. Podías ver efectos especiales y
decorados solventes o auténticas basurillas de aficionado.
Atmósfera
cero tiene una puesta en escena bastante lograda. Ese plató de
taquillas, camarotes, escaleras y plataformas constituyen un
laberinto metálico muy sugerente. Durante una persecución le sacan
buen provecho y alcanza un nivel expresionista muy interesante. Lo
mismo se puede decir en la secuencia, hacia el final, orquestada
sobre gigantescos paneles en el exterior.
O’Niel
funcionaba bien como ese hombre imperfecto que, por lo que sea -él
dará alguna explicación que le funciona sin ser del todo
convincente-, decide hacer lo correcto. Y cuando en el espacio
exterior alguien no puede ser comprado se monta el lío.
Entretenida
y más que correcta. Se acerca en tono al original pero sabe que no
debe ser una réplica y aporta su propia perspectiva.

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