8/7/26

Asesinato en la 3ª planta

François es un escritor de novelas policiacas. Colette es profesora de cine. Su matrimonio está en crisis.
Está claro que se derriten con Hitchcock. El momento de arranque decisivo conjuga La ventana indiscreta con Psicosis. A su manera paródica. Me pareció tan inteligente como divertido. Las referencias son explícitas, no lo ocultan. Ella está analizando en clase La ventana indiscreta y la mencionan continuamente. Pero citan -y analizan- muchas otras.
Y si buscas a Hitchcock paseándose por ahí, también lo vas a encontrar si quieres.
Una cosa que me encanta es el debate sobre la tensión sexual no resuelta. François opina que no debe resolverse, la editora que sí. Ya sabes que yo estoy de parte del escritor. Sólo debe resolverse en el final. El problema, en el ámbito personal del protagonista, es que esa tensión es una expresión de la relación con su esposa, de las dificultades maritales.
La vívida imaginación de François nos hace ver lo que escribe: las aventuras detectivescas decimonónicas. ¿Necesario? Poco: para explicar cómo es él. Sin embargo no son necesarias tantas ensoñaciones. Pero da igual. Hace la narrativa más divertida.
Lo mejor es, sin duda, cuando oímos de fondo la entrevista que le hicieron a Hitchcock en el año 1971 explicando cómo usa el suspense y, simultáneamente, coincide con lo que vemos en pantalla. Pero ello provoca más la comedia que el suspense.
Muy disfrutable para cualquiera que guste de Hitchcock, entretenida aunque uno no sepa mucho de él. Y si los protas no hubieran sabido un poco de James Bond (Vive y deja morir) no estarían ahora entre nosotros.
Un juguete liviano surgido de una mente que ama el cine clásico. Más que suficiente para mí.

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