-Por
las escaleras, Corina.
Si
Ficarra
y Picone
son algo así como los José
Mota
de Italia, veo a Checco
Zalone
como el Santiago
Segura
italiano.
Desde
luego tienen sus diferencias. La principal de ellas, creo yo, es que
Zalone
se gasta un poco más de dinero y procura que lo que filma quede
bonito. Pero dejando eso a un lado son muy similares: humor muy
básico, chistes
en tropel por minuto, no
importa si son buenos o malos, algunos
muy políticamente correctos
y otros muy
incorrectos,
expresión de la gigantesca superficialidad del personaje.
Zalone
va a celebrar su 50 cumpleaños, es un riquísimo heredero, jamás ha
dado un palo al agua y sus amantes tienen el 50% de su edad. Pero de
pronto desaparece su hija Cristal, menor de edad. Parece que se ha
largado de casa y está haciendo el Camino de Santiago.
Lo
que vemos es un ricachón haciendo el canelo por esos caminos de Dios
hasta que se da cuenta de que tiene la oportunidad de reconectar con
su hija. Lo que pasa es más simple que el mecanismo de un chupete. A
mí me ha hecho gracia unas cuántas veces y otras se las podría
haber ahorrado. Ejemplo de esto último: en los título de crédito finales dedica una canción a la “próstata inflamada”. Pura
demencia bailada por Joaquín Cortison.
Sí:
éste es el nivel.
Lo
del abuelo Zalone recuperándose del ictus me hizo gracia pero había
potencial para algo más y no lo aprovechan.
Una
de esas pelis que puedes ver mientras haces cualquier otra cosa. Nada
de lo que te pierdas será sustancial. Pero tampoco te va a amargar
el día como otras.

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