13/6/26

El día de la revelación

Estamos en ese debate de quién tiene derecho a la información: ¿los militares, los políticos, una corporación privada, todos los ciudadanos?
Spielberg dice que para tener fe en Dios hay que tener fe en los humanos. Hay que creer en la cultura de la vida, no de la muerte; hay que creer en que pese a los defectos, haremos un mundo mejor; hay que ser optimista ante las posibilidades, no ser derrotista.
Cada plano, cada encuadre, es una delicia. Nunca hay rutina. Puede que no sea llamativo pero es la mejor posición para la cámara. Escena de apertura, modo de rodar el combate. Crees que es importante pero deja de serlo porque la cámara, en el ring empieza a enfocar a un espectador. Acentuamos la atención en la mochila, movimiento, planos a través de un cristal mojado, leve contrapicado, picado algo más elevado… En serio. No hay ni un solo plano aburrido.
Ese encuadre en que Margaret lee la mente del no-agente del FBI y mezcla sus cabezas en los reflejos del cristal… Eso es dirigir. No necesita hablar: lo muestra.
Emily Blunt: qué pasada. Pero qué buenas las otras interpretaciones. Josh O’Connor, Eve Hewson, Colin Firth… Dicen que es ciencia-ficción pero es más una peli de acción y aventura. Desde el arranque, in media res, estamos en una persecución. Y no para. Qué poderío esa secuencia del tren, qué divertido puede ser el cine, qué bien que alguien nos lo recuerde.
Vamos a ponerle un defecto para que la peli no sea perfecta: los marcianitos verdes. ¿No podía inventar otra cosa? Quizá no. Quizá forman parte de su mitología, de Encuentros en la tercera fase, de su imaginario personal, de su iconografía. Su tradición cinematográfica. ¿Por qué cambiar el cine clásico si funcionó, si sigue funcionando?
Porque vaya si funciona. Alguno dirá que es sólo un entretenimiento. Pero está rodado con una maestría asombrosa. Un ritmo imparable hasta llegar a la catarsis y al día de la revelación.

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