-Si
los franceses hubieran dedicado más tiempo a luchar contra los
nazis, en vez de dedicarlo a preparar cassoulet,
tal vez no habríamos tenido II Guerra Mundial.
Uno
podría decir que hay una buena química entre Sue, la anciana
necesitada de una ayuda robótica, y la androide Ann. No la hay. Y de
hecho eso es lo bueno de la serie. No se llevan bien ni mal ni tienen
conexiones especiales. Sue sólo necesita alguien a quien hablar y la
esencialmente estúpida Ann -Inteligencia Artificial pero estúpida-
es lo que cualquier humano necesita para saber que sigue siendo
superior. La sinceridad sin filtros de Ann es algo que uno no quiere
en las convenciones sociales, en lo políticamente correcto, en la
cordialidad. Pero así son los británicos: vulgares, sucios,
borrachos… Mal vestidos.
Hay
un humor que muchas veces se adentra en lo tosco (ya sabes, ése que se usa cuando se agotan las ideas y rememoras los 13 años) pero es que la
interacción de la robot es brutalmente divertida. Sus reacciones
“lógicas”, aprendidas, rompen por completo lo que uno espera.
Diane
Morgan
está espectacular interpretando a esa droide carente de filtros y,
en combinación con Sue
Johnston,
tan natural al reflejar los problemas de una anciana, crean un dúo
inesperado.
Ann
Droid dice siempre la verdad. Verdades como puños, sin matices,
crudas. Y pone en evidencia el desastre que es la sociedad británica:
relaciones de pareja, familias devastadas, egoísmo crónico,
mentiras sistemáticas… Por eso la veracidad puede ser muy
irritante.
Al
final fuerzan la conexión, la “química”, pero creo que no hacía
falta.
Espero
que en la próxima versión les bajen el volumen a los droides. Y a
las ancianas inglesas borrachas.
6
capítulos de media hora. Bien, pero creo que no da para más.

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