Ya
comenté que fue un gran error la traducción de la primera
temporada: El caso Hartung.
Como la pifiaron, esta segunda temporada lleva un título
completamente diferente y parece desconectada, como si fuese otra
serie. Mientras en el resto del mundo siguen con The
Chestnut Man: Hide and Seek
o Kastanjemanden
2,
aquí muchos espectadores no se enterarán de que es una
continuación.
1992.
Unos niños en un bosque. Un cuco, en el nido, deshaciéndose de los
otros huevos. Un cadáver. 2025. Una madre trata de que se reabra el
caso del asesinato de su hija. Una mujer desaparece. Thulin y Hess
vuelven a encargarse conjuntamente del caso.
Es
más adictiva que la primera temporada, más espeluznante y mucho más
impactante. Mucho más. No estás preparado para lo que se te viene
encima.
El
conjunto es buenísimo. La relación entre Thulin y Hess sugiere que
han transcurrido algo más de dos años, con una inicial aproximación
romántica y luego un distanciamiento. El espectador aterriza en la
ignorancia de la ruptura y en el regreso de Hess a Copenhague por
motivos familiares. Y ya que el hombre de la Europol está allí…
Son
6 capítulos con un ritmo sostenido. En los dos primeros capítulos
vemos cómo el asesino en serie escapa por los pelos, cada vez con
menos margen de tiempo. Pero parece no importarle. Su estrategia de
acoso de proximidad, vídeos desde pocos metros de distancia, aporta
una tensión extraordinaria. Y consecuencias colaterales inesperadas.
Una
temporada muy sólida, con una Sofie
Grabol
en el papel de madre sufridora que siempre hace subir puntos a
cualquier producto en el que aparece, y una trama que no deja de
sacudirte hasta la conmoción. Hay momentos estremecedores que casi
no te puedes creer. Nunca has visto cosas así en una serie.
A
ver si los “tituladores” españoles dejan de destrozar los
títulos originales. Que luego no hay quien lo arregle.
Un
nordic
noir
de los de antes: tremendo. La serie que deberías estar viendo y no ésa con la que estás.






