A
mucha gente le gustan las pelis de perros porque salen perros y ya
está. A mí no suelen gustarme porque chapotean en tópicos. Hachiko
me resulta insoportable en su sensiblería empalagosa. Colmillo
Blanco tiene su cosa pero está a años luz de la novela de
London. Me interesó la reciente Good Boy por su
simbolismo.
En
el corazón de la bestia no está hecha para mí.
No
cuento mucho porque su contenido es bien escaso y no es cuestión de
agotarlo. Baste con saber que un hombre y su perro acaban perdidos en
una zona salvaje de Alaska. Historia de supervivencia.
Está
fabricada de tópicos. Encuentro con otro hombre solitario, encuentro
con oso, con lobos, caída por un río de aguas bravas… Situaciones
y diálogos absolutamente previsibles y convencionales.
No
hay símbolos, metáforas o mensajes más profundos. Lo que se
muestra es lo que hay.
Pero
si te basta con ver bonitos paisajes, perros o a Brad Pitt te
deslizarás fácilmente por ella. Hay que reconocerle al actor que
lleva la peli por entero y, sin ser uno de sus grandes trabajos, está
sólido.
A
mí la parte que hizo que se me saltaran las lágrimas fue la nevera campera llena de cervezas Chimay.






