La
anciana con el puñal empezó a trabajar para la Sociedad Shinseong
cuando era adolescente. Aprendió a eliminar alimañas. A controlar
plagas. Ahora es la mayor en la Sociedad. La llaman la Madrina. Un
joven prometedor se incorpora a la Sociedad.
La
película está muy centrada en las secuencias de acción. El montaje
es muy ágil y, en cierto modo, me gusta porque deja mucha tarea al
espectador. El problema es que quieren llegar a esa parte de las
tortas con rapidez y muchos personajes no están bien presentados ni
desarrollados. Un ejemplo: el sicario de las vías del tren. Pudo ser
una historia fuerte pero como no conocemos nada del personaje nos da
igual lo que pase con él. No basta con que sepamos que es padre. En
el conjunto de la película termina por ser completamente superfluo y
se pudo prescindir de la trama por completo.
Pero
la película tiene muchas cosas buenas. Están sí, esas peleas
cruentas, descarnadas, que tanto gustan a los coreanos. Con mucha
sangre y odio rebosando por los poros. Pero también hay detrás una
buena historia de honor de sicarios, de reglas complejas, de drama
humano con sus contradicciones emocionales.
Ambos
sicarios, el joven y la anciana, desenvuelven una relación muy
retorcida de acercamiento y alejamiento, ayuda y castigo, afecto y
odio. Y eso, claro, afectará al resto de sicarios, a las reglas del
control de plagas.
Me
acerqué a esta película por el papel que Kim Sung-cheol hizo
en Tierra de oro. Y ahora descubro a Lee Hye-yeong
así que tal vez rastree algo más de ella.
El
final me rompió la cintura. Porque todos sabíamos que pintarse las
uñas era un símbolo de abandono de la organización, de que la
Madrina iba a empezar una nueva vida.
Otra
buena peli coreana, no excepcional, pero un entretenimiento mucho más
decente que sus paralelas hollywodienses.






