Juego
secreto está lejos de situarse entre las grandes pelis
ochenteras para adolescentes. Pero tiene su encanto y unas cuantas
buenas ideas.
Siempre
he pensado que venía a ser una especie de Con la muerte en los
talones para chavales.
Me
encanta la escena de apertura. Un edificio con banderas rusas
vigilado por hombres rusos. Hay una fiesta. Un hombre aterriza en
paracaídas en las proximidades. La escena se vuelve cada vez más
absurda hasta que descubrimos que estamos en la imaginación de un
niño. Es Davey.
Poco
después un hombre moribundo entrega a Davey un videojuego que lleva
encriptado unos planos. A partir de ese momento Davey tiene que huir
para que no lo maten. Pero Davey siempre está contando historias de
espías y nadie le cree. Tiene un amigo imaginario -el espía Jack
Flag que suele darle malos consejos- y una amiga real, Kim, nombre en
clave Lady Ace. La niña me hace mucha gracia por su madurez.
La
trama es un poco torpe en sus inicios pero la huida de Davey está
bien llevada y el último tramo, con esa bomba en cuenta atrás,
logra imprimir la tensión adecuada. Otro detalle a tener en cuenta
es que no es tan ñoña como Sólo en casa y otras
pelis en las que los malos persiguen a un niño. Hay muertos y Davey
tendrá que disparar un arma. A eso no estábamos acostumbrado. Ni
estamos.
Le
falta un poco de dinamismo en la acción pero es que en aquellos años
Spielberg y Richard Donner nos acostumbraron a la
excelencia. El final, por ejemplo. Termina rápido y sin dejar
respiro a unas conclusiones que pudieron darle un toque más épico y
emocional.
Como
sea: la recomiendo.






