-Estás
tan ocupada intentando no ser una carga que has olvidado ser una
amiga.
No
le des muchas vueltas al pulpo superinteligente. Es sólo un símbolo.
Pudo ser un delfín o una caja de zapatos evolucionada. O un
psicólogo. Pero es que si hubieran puesto un psicólogo la peli
habría sido más aburrida. Y eso es el pulpo: un psicólogo. Y lo
aceptamos como animal de compañía. La cuestión es escoger una
entidad que contemple la humanidad desde fuera.
El
pulpo observa a Tova y Cameron. Los encargados de la limpieza del
acuario. Como es tan listo ve los traumas que hay en ellos. En la
mujer anciana y en el joven caótico.
Sería
una historieta más del montón, un melodrama sencillo de no ser por
ciertos toques que la elevan un poquito. La psicología de los
personajes, por ejemplo. Fíjate en la del pulpo-psicólogo, ese
tonillo de superioridad, esa ironía. Por supuesto también está
Sally Field que, a los 79 años, da un recital de saber hacer
interpretativo.
Quiero
creer que la película pretende, realmente, incidir en el drama sin
exagerar. Quiero decir que no quiere ser sentimental. Y no lo
consigue. Porque cierto material no puede eludir los descensos a la
telenovela.
Es
una película agradable, bonita, con corazón. Toda la gente del
pueblo es simpática: el del supermercado, el poli, las del
ganchillo. La del surf. Sobre todo la del surf. Paddle surf.
Una
reflexión acerca de lo mucho que los humanos nos complicamos la
vida, la falta de sinceridad, el no ser transparentes con las
personas que queremos.
No
quiero criticarla mucho porque, aunque no es mi estilo de película,
estoy seguro de que sí es el de mucha gente que gusta de un film que
te deja con ganas de salir a abrazar al primero que te encuentres.
Quiero
una casa como la Sally Field.






