-Una
máquina que hace exactamente eso, que yo construí hace 6 años en
mi sótano, por mi cuenta y bajo los efectos de anfetaminas.
Sam
(Dennis
Quaid)
es un tecno-ricachón con una isla. Allí están la doctora Kask
(Isabelle
Fuhrman)
que fotografió agujeros negros, Kaminsky (Josh
Hutcherson)
que fabricó satélites cuánticos y Glassner (David
Thewlis)
que ha creado una máquina para escuchar a los extraterrestres. Pero
aún no sabe lo que dicen. Y la duda es si debemos responder y que
sepan que estamos aquí.
Unos
piensan que sería un riesgo, otros que no.
Buena
película. Desde luego la trama es similar a la de El problema de los tres cuerpos
pero enfocada de un modo distinto. Con menos presupuesto, sin escenas
de acción, ceñida casi a un espacio único, plantea cosas
interesantes.
Hay
ideas buenísimas. Como ese debate sobre los chips que nos mejorarán
biológicamente. Y la cuestión: ¿qué sucederá con la angustia, el
dolor, la pérdida? El sufrimiento define quiénes somos mejor que el
placer. Está bien tratada la psicología de los personajes, lo que
la pérdida y los errores han transformado en ellos. Los tres han
reaccionado de formas distintas.
Hay
bastante de ciencia-ficción teórica (asequible, creo) mezclada con
antropología. Si algo le reprocho es lo mucho que hablan, pero al
menos lo que hablan tiene interés. Y eso pasa poco.
Es
una propuesta bien ejecutada, breve (no llega a los 90 minutos),
cuenta lo que quiere contar sin perderse en subtramas (la niña y la
doctora tienen su razón de ser aunque parezcan superfluas) y ofrece
una reflexión sugerente.
Me
ha recordado un poco a Contact,
más interesada en aspectos personales, íntimos y filosóficos que
en fuegos de artificio.
Yo
la he disfrutado bastante si mi opinión te sirve de algo.






