Ángela
es una abogada con un par de empleados que gestionan los asuntos
delicados. Rafa, el cerebro, Toni, el músculo. Amenazan, cobran, dan
palizas, resuelven problemas más allá de lo legal.
Es
un trabajo complicadillo, claro, pero lo de hoy no será un día
cualquiera de trabajo.
Está
todo bien. Una idea sencilla bien desarrollada: un coche robado, un
lío que conduce a otro robo -de una Luger- y el natural conflicto
criminal de las cloacas. Está bien dirigida, es cruda cuando
conviene, usan el fuera de campo de modo inteligente cuando hace falta, mueven la cámara con soltura. La fotografía me ha
sorprendido. En ningún momento te sientes ciego o estúpido por no
saber qué pasó ahí. Banda sonora que apoya el suspense y la
tensión.
Los
personajes, particularmente los protagonistas, tienen la profundidad
adecuada. Lo necesario para que podamos entender a ese par de
sinvergüenzas y sentir algo por ellos.
Un
detalle que me ha interesado mucho. No debería llamar la atención,
pero como es cine español es para mirarlo con detenimiento: se
entiende lo
que dicen.
Hablan con múltiples acentos pero es lo que tiene eso de llevarte al rodaje actores que pronuncian y
un ingeniero de sonido: se entienden los diálogos. No hay
gruñidos, bufidos, adivinanzas.
Un
ejemplo de lo mucho que se puede hacer con bajo presupuesto. Bien por
todo el equipo. En algún momento me habría gustado que la gente
gritara menos y que el historiador abreviara un poco. Pero su
perorata tiene una razón de ser.
Sucia,
realista, verosímil. El final tenía que ser algo así porque
ciertos “trabajos” acarrean esas consecuencias.






