Al
fin pudimos ver El
agente secreto; la
esperaba con ganas y, tal vez por eso, me decepciona mucho. No es
rival para Sirat
o Valor sentimental.
La
película abre con una escena muy buena en una gasolinera. Un cadáver
tapado por cartones, un coche que llega a repostar, otro coche de
policía… Nos hacemos una idea de la sociedad brasileña de 1977.
Marcelo
regresa a Recife y tengo la sensación permanente de que me estoy
perdiendo algo. Aparecen personajes, muchos y, como suele ocurrir en
estos casos, te cuentan lo que tienes que pensar de ellos, no te lo
muestran. Y me falta respaldo. No sé por qué están ahí, que
hacen… Todos parecen igualmente relevantes y no lo son. Todo parece
esencial y por tanto nada lo es.
Está
muy bien dirigida. Planificada con gusto, con una labor de fotografía
esmeradísima, banda sonora, puesta en escena… Pero emocionalmente
nula. Me da igual lo que pase. Y eso, en una trama que te cuenta (no
te muestra) los abusos de una dictadura militar es difícil de
entender. Sólo me enganchó, enganchar de verdad, esa cena con
Ghirotti.
Lo
que dije de que me estoy perdiendo algo. Es así: de pronto te das
cuenta de que hay una elipsis brutal, algo que, si te lo hubieran
contado antes, habría dado sentido a todo. Me pareció un truco de
mal prestidigitador. No es una sorpresa: es montar mal. No es jugar a
los flashback,
es perder la oportunidad de presentar cuanto antes el núcleo del
relato.
Lo
de las investigadoras del presente se pudo omitir sin problema.
Parece una capa artificiosa más para hacer compleja la narración de
modo innecesario. De la pierna ni hablemos.
A
ver. No está mal. Tiene su punto de interés. Pero los elogios son
excesivos. De hecho creo que No hay otra opción
debería estar entre las nominadas al Oscar en lugar de ésta. Y eso
que que tampoco me pareció la bomba, pero está mejor dirigida.
Por cierto: el título parece que lo han elegido en una lotería porque no sé de qué agente secreto están hablando.






