Creo
que nunca había visto una serie en que el paisaje fuese tan
decisivo. Gales, zona costera, marismas. Cientos de riachuelos,
deltas, zonas inundadas. Y al mismo tiempo el mar sube, invade,
anega. Las mareas deciden qué carreteras se pueden utilizar.
Un
niño muere ahogado. Aparece en agua salada pero murió en agua
dulce. Hace años ya murió una niña. Jackie Ellis fue policía,
ahora maestra. Se lleva fatal con Eric Bull, su antiguo colega.
Ella
va por ahí soltando información a quien no debe. Él es un engreído
que jamás acepta ideas que no son las suyas. Ambos haciéndose la
puñeta en la medida de sus posibilidades. Anteponen el odio que se
tienen a la investigación del crimen. En el capítulo 3 hacen algo
así como una tregua.
Lo
peor: hay muchas subtramas irrelevantes. Un ejemplo: el encuentro
gay. La trama existe durante unos minutos para insistir en que el
poli es una mierda de tío, cosa que ya sabíamos. No aporta nada;
más bien descoloca porque no tiene continuidad. Lo mismo podemos
decir del embarazo, de las relaciones familiares en
un lugar pequeño…
Los
vertidos tienen relevancia, pero los sospechosos empiezan y acaban
ahí. No hay una real exploración social a partir de personajes.
Suena a postizo.
Son
seis capítulos y le sobran 3.
La investigación del crimen es
convencional. Hay
un toque de culebrón que no ayuda.
Me
ha fascinado la ficticia Morfa Halen y su paisaje maravilloso. Qué
bien rodada la tormenta final (antes,
durante y después).
Es
ese entorno, esa atmósfera, lo que da vida a la película
Pero ni Kelly
Reilly
ni Rafe
Spall
pueden
sacarle partido al un
suspense algo tópico.






