En
Corea del Sur van muchísimo al cine. Cuentan
la taquilla por número de espectadores, no por dinero, y eso no está
sujeto a la inflación. Son 51 millones de habitantes (no mucho más que España) y
no es raro que alguna película la vean más de 10 millones de
espectadores.
El
récord, con más de 17 millones (1 de cada tres habitantes), lo
tiene esta película. Una hazaña semejante a la de Blas
de Lezo.
Pero aquí nunca haremos una película sobre Blas
de Lezo
porque una inmensa masa ignorante pensaría que es fascista o racista o imperialista o algo así un hecho
del siglo XVIII. Que, también te digo, para que me destrocen la
historia o las secuencias de acción, mejor que no hagan nada.
Blas
de Lezo:
6 navíos contra 200 barcos británicos en Cartagena de Indias en 1741.
Yi
Sun-sin:
12 navíos contra 300 barcos japoneses en Myongnyang en 1597.
Una
absoluta locura estratégica. Es una maravilla contemplar el sistema
de remos, el anclaje de los barcos girando sobre su eje a babor y
estribor, la zona de corrientes y remolinos que empujaba al enemigo
hacia el centro, cañones, rifles, flechas…
Una
maravilla épica. La superioridad numérica atrapada en una ratonera
donde la muerte llegaba de formas inesperadas. Un almirante de marina
que conoce al dedillo los mares de su patria y los aprovecha en cada
bahía, cada estrecho, cada corriente, cada marea. Y rodado con
claridad para que el espectador entienda las posiciones navales.
Exagerando
la realidad, claro que sí, en modo espectacular. Tiene ese tono
heroico y legendario que occidente parece haber olvidado y que Corea
abraza con gusto. Un relato apabullante en sus escenarios bélicos,
sus discursos esculpidos y sus gestos grandilocuentes.
Cine
comercial bien hecho, a lo grande.






