En
los años 50 no tenían miedo a explorar nuevas ideas. Sabían que
los efectos especiales eran cutres pero al público no le importaba
porque la exploración de técnicas y de nuevas ideas era más
importante que la perfección.
El
próximo año tendremos una nueva versión de El ataque de la
mujer de 50 pies con Margot Robbie, así que me puse
el clásico de los 50. Un clásico no especialmente logrado pero lo
dicho: la idea original era interesante.
La
mujer de 50 pies (Allison Hayes) aparece menos de 10 minutos.
La trama es una historia muy turbia de adulterio y planes para
asesinar a la esposa rica.
Dirigía
Nathan Juran, un especialista en jugar con escalas de tamaño.
Cuando querían hacer una peli con gigantes o enanos era el tipo
indicado. The Deadly Mantis, A 20 millones de
millas de la Tierra, Simbad y la princesa,
World of Giants, Jack,
el Matagigantes… ¿Se ve por dónde iba el tío?
Aquí
todavía andaba muy en pañales. Él y el cine en general. Está
claro que sólo les interesaba una cosa: Nancy adquiere su descomunal
altura y la usa para vengarse de su infiel y siniestro marido. Tenían
que explorar cómo hacer esa mujer. Los resultados no fueron muy
buenos pero aprendieron.
Lo
más raro de todo era que, de repente, se olvidaban de la trama de
los extraterrestres y a otra cosa. Como si no hubiera pasado.
La
cuestión es que, por lo que sea, sin que jamás haya sido reclamada
como una buena película, se quedó en la memoria colectiva y se
mantiene como una película de culto.
Me
hizo gracia la furgoneta de ACME, de suministros médicos. En
aquellos años eran muy dados a hacer este tipo de referencias. No
puedo probar que fuese un guiño a El Coyote y el Correcaminos
pero tampoco sería raro.
En
1993 hicieron un remake con Daryl Hannah que era mucho peor.
Los efectos especiales eran aún más desastrosos, en plan tomadura
de pelo (ya se había hecho Terminator 2) y la trama no
se decidía a qué carta quedarse: comedia, drama, crimen,
ciencia-ficción…
A
ver qué nos da Margot Robbie. Como carguen la mano en el
feminismo quizá sigamos prefiriendo la de 1956 que, sin ser
explícita en su mensaje, dejaba todo claro. Pero ahora somos más
tontos y necesitan explicarlo todo.






