Milla
Jovovich
logra que la peli siga siendo tan mala y tan maravillosa como
cualquiera
de sus
Resident
Evil.
Así de mamarracha y entretenida. Pero
lo que aquella tenía de cómic, ésta lo tiene de brutal.
Nikki
Halstead se ha pasado 20 años de su vida en las fuerzas especiales,
en misiones en el extranjero. Apenas ha visto crecer a su hija.
Finalmente, cuando puede ocuparse de ella, es secuestrada en su 17º
cumpleaños por un red de tráfico de personas.
Hay
un momento en que Nikki se pone a investigar quién secuestró a su
hija, descubre qué es El Sindicato, cuáles son los burdeles que
maneja, los incendia y finalmente es atrapada por los malos. Bien:
pues todo eso te lo cuentan en menos tiempo del que has tardado en
leer estas líneas. Pasamos del instante en que secuestran a la hija
al instante en que está colgando boca abajo en unos segundos de
montaje aceleradísimo de fotogramas.
Esto
es significativo: va al grano. Le importa un pimiento la
investigación, la coherencia, las decisiones absurdas. Sólo importa
cómo Nikki Halsted va matando gente. Como diciendo: los problemas
del mundo se arreglarían con un poco de buena voluntad.
De
hecho a mitad de la película ya está resuelta la trama, así que
tienen que reiniciarla. Cosa que, cuando llega el final, lo entiendes
bastante bien. Nikki incluso tiene su particular coronel Trautman
para decir a los polis que dejan a la soldado en paz antes de que se
les compliquen las cosas.
Espero que te guste el giro final. Y, si no, no pasa nada.
Mamarracha.
Me lo pasé muy bien.






