A
cambio de 200 dólares 8 personas se ofrecen como sujetos de prueba
para un experimento neurocientífico. Partimos
de la idea de que la realidad que percibimos es un constructo
colectivo de las conciencias conectadas. El experimento consiste en
separarse por un instante de esa conciencia global.
La
dirección es totalmente amateur. No
hay ninguna dirección de fotografía y apenas tratamiento del
sonido. La
iluminación es un verdadero horror. La cuestión es que la idea es
muy buena y gran parte del guion se desarrolla de modo adecuado. Un
progresivo delirio surrealista y terrorífico. No me aburrió en casi ningún
momento y seguí con atención cómo la realidad se distorsionaba más y más con cada intento de arreglarla.
Pero
realmente esta película necesitaba ser dirigida por alguien con un mínimo de competencia. No es simplemente que carezca de
presupuesto o sea cutre. Es que hay torpeza en la dirección. Una
simple pelea, una puñalada, una caída, están mal rodadas.
Una
reflexión acerca de cómo percibimos (¿construimos?) la realidad;
la fragilidad de esa percepción; el modo en que se confunde con
sueños, deseos y subjetividad; cómo choca con otras percepciones.
Una
idea poderosa, una ejecución pobre. Jake Trevasakis tiene
futuro como escritor, no como realizador. En esta ocasión sí me
gustaría que alguien volviese a rodarla con la habilidad necesaria.
El
final me parece muy interesante.
-Al
fin y al cabo es tu mundo.






