Algunas
pelis no ponen fácil hablar sobre ellas. Hay cosas que me parecen
muy buenas y otras que no tanto. Sin embargo vaya como punto de
partida que me interesa por el riesgo: una peli de acción
esencialmente muda. Hay poquísimas frases.
Empecemos
por su estética. A grandes rasgos me parece muy bien. Muy cuidada su
ambientación setentera, la planificación, el uso del color. De
nuevo le agradezco los riesgos que corren al apostar por ese
estilismo. Por otra parte hay en demasiadas ocasiones un abuso de la cámara
lenta que me recuerda al veneno de Zack Snyder. Me molestó mucho.
Esta
estética va unida al uso de la banda sonora. Muy llamativa. A veces
por lo bien que encaja otras veces porque de nuevo vuelven a correr
riesgos. La ausencia de diálogos se suple con una música en su
mayor parte de los años 70, o alrededores, que forma parte
intrínseca de la narrativa.
La
acción. Si uno lo piensa fríamente no hay mucha. Hay tensión,
amagos, promesas. Eso sí: cuando se desata en el tramo final,
agárrate. En la Historia del Cine hay muchas grandes peleas dentro
de un ascensor. El nivel de salvajismo de ésta, está muy alto. Y
aunque sea muy bestia -e irreal en muchos momentos- pone de nuevo por
delante la estética.
Alan
Ritchson cumple porque es el papel para el que está hecho: un
tipo injustamente encerrado en la cárcel por un mafioso y un poli
corrupto. En un momento dado saca de allí sus 191 centímetros sin
grasa y va a vengarse. La chica que motiva el alboroto es Shailene
Woodley a la que no exigen mucho pero ella va sobrada. Y el que
realmente destaca es el camaleónico Ben Foster en su papel de
villano.
El
final me parece excesivo. En realidad es un poco ridículo. Quiero decir: ¿no han podido reencontrarse
antes para arreglar cuentas? Pero en fin, de nuevo apuestan más por
la estética que por lo narrativamente funcional.
Lo
que cuenta es muy convencional pero el envoltorio resulta bastante
atractivo.






