Gabriel
y Driss fueron amigos en el orfanato. Luego se distanciaron cuando
Sofía, el primer amor de ambos, se alejó. Gabriel se hizo poli,
Driss tira a algo más ilegal. Ambos coinciden 18 años después
cuando Sofía muere en un accidente de tráfico. Gabriel y Driss
también descubren que Sofía tiene una hija de 17 años.
El
punto de partida tenía un aire a la trilogía de La bala perdida.
Gente moviéndose en las fronteras de la legalidad, alianzas que van
cambiando, persecuciones de coches espectaculares… Había
demasiados giros pero eran aceptables. Sin embargo, si una chica de
17 se cuela en la casa de la jefa de la mayor agencia de seguridad de
Europa, se cruza demasiado la línea de verosimilitud… Aunque con
los franceses no se sabe. Se suponía que el Louvre era inexpugnable
y mira.
Hay
que conseguir una única cosa: que los malos vayan a por los buenos
para que éstos puedan despacharse a gusto. Pienso que se complican
en exceso la vida para conseguir ese objetivo. Demasiado increíble y
delirante.
La
segunda mitad está bien. Es a lo que vinimos: persecuciones,
tiroteos, palizas. Rodadas con un estilo imaginativo y locura a pleno
rendimiento. Eso sí: para cuando terminan, queda poco de Biarritz en
pie.
Está
muy lejos del nivel de La bala
perdida,
es muy elemental pero funciona como mero entretenimiento. Se nota que
el director, Olivier
Schneider,
es ante todo un extra de acción.






