Lo
más llamativo es su radicalidad: una apuesta total por la animación
tradicional a mano. Nada de ordenador. Sólo por eso ya merece un
vistazo. Aquí viene mi primer problema porque su estética no acaba
de gustarme. Es algo personal porque pienso que esos tonos oscuros y
ciertos rasgos feístas, pueden alejarla de los niños. Pero para
gustos los colores y lo cierto es que está bien animada.
Indudablemente
el valor de la película está más en su contenido que en su
apartado de dibujo.
Un
demonio cerdo busca la inmortalidad. Cuando el primer plan parece
inviable, optar por un segundo plan. Pasa por lograr las escrituras
de Buda. En su camino encontrará a otros tres demonios tan perdidos
como él. Raritos indescifrables que, en el fondo, tienen buen
corazón.
La
película dibuja muy bien a estos personajes. Su carácter, sus
debilidades, su humor… Desarrollan bien la dinámica de diálogos y
situaciones conforme a ese modo de ser. Vamos descubriendo en cada
uno de ellos algo de encantador.
Su
encuentro con el demonio de Cejas Amarillas es el punto determinante.
Ya sabemos que en la mitología oriental, los demonios expresan el
lado oscuro de la humanidad, pero eso no significa que no puedan ser
redimidos. Las debilidades, los errores, los defectos pueden ser
subsanados y, en ocasiones, la lucha contra esos defectos es lo que
logra alzarlos sobre la miseria y sanarlos. Eso son los 4
protagonistas. Pero el demonio de Cejas Amarillas es el Mal.
Así
que la lucha contra él se convierte en la razón de existir de los
personajes principales. Eso es lo que realmente los hará inmortales.
Es
una historia bonita, bien desarrollada, sugerente, resaltando el
valor de la amistad, la importancia de hacer lo correcto. Pero me
habría gustado más con otro estilo.






