No
entiendo la relación inicial padre e hija. Ella está en China
viviendo ¿con quién? ¿Tíos, abuelos? Es comprensible que quiera
quedarse con su padre. Obviamente el pasado oscuro del padre no le
permite volver a China pero eso no quita para que la situación sea
algo confusa.
Estamos
en un punto indeterminado del sudeste asiático. Wang Wei es mudo y
trabaja de manitas. Cuando su hija sea secuestrada descubriremos que
el kung fu no se le da mal del todo. Se ve envuelto en una trama de
tráfico infantil y el tipo arrasará con todo lo que se pone entre
él y su hija.
Uno
podría pensar que se trata de otra película de protector y
vengador. En cierto modo es así. Pero la cuestión es que ésta está
al nivel de John
Wick,
rodada de modo apabullantemente expresivo, con coreografías de
peleas espectaculares. Hay detrás una labor de ensayo casi
inconcebible. ¿Cuánto
tiempo real habrá llevado pensar, escribir, storyboard, ensayar y
rodar la pelea final de 15 minutos?
Así
que sí: la trama es absolutamente convencional. La única variante
es, simplemente, el encuentro con otro hombre que busca a su esposa,
periodista, también desaparecida. Pero lo importante no es el fondo
sino la forma: rodada de modo extraordinario. Una sucesión de peleas
a cada cual más imaginativa y elaborada, con un estilo impecable.
Contundencia.
Es muy bestia. Es violenta y punto. Pero ves la secuencia de la
discoteca, bastante temprana, y piensas que esto no se puede mejorar.
Y sí. Aún le quedan florituras y formas diversas de manejar el
cuerpo para romper otros cuerpos.
Y
ojo que la chavala tampoco es manca.
Una
de esas películas hecha para que se luzcan los especialistas.
El
día que Wang Wei (Miao
Xie)
se encuentre con John
Wick
será gordísima.






