¿Quieres
una buena sátira? Tienes Bad Apples.
Sutil, inteligente, sin didactismos, con propuestas para pensar si
quieres.
Todo
lo contrario que Digger.
Nada sutil. Tan directa como un bofetón. Tan inteligente como
clavarte una pala en el pie. Tan didáctica, tanto, que te está
llamando tonto.
Porque
sólo él, Iñárritu,
es listo. Él es el sumo sacerdote (otro, ya hay muchos) del cambio
climático. El que sabe lo que se debe hacer. Perdón: el que sabe lo
que tú
debes hacer. Pero él no lo hará. Que no uses cacharritos
electrónicos porque los quiere usar él. Llega a ponerse muy plasta.
Vale.
Voy a frenar. Tiene algunos momentos divertidos y hasta muy
divertidos. Visualmente Iñárritu
siempre tiene potencia, habilidad en la planificación, encuadres
llamativos. La imagen tiene drama. La cámara no descansa. Te oprime,
te agobia, te estresa. Hay muchísimos contrapicados. Está
abarrotada de contrapicados. Demasiados.
Pero
eso es todo lo que hay en la película: un envoltorio con moralinas
pueriles. Bajo otro envoltorio de maquillaje dicen que está un
histriónico Tom
Cruise.
Si me dicen que es Nicolas
Cage
también me sirve.
No
sé si lo meta (la obra teatral dentro de la película) me agrada o
no. Es todo tan excesivo que me da igual. En realidad llega un punto
que me aburre. Es cansina.
A
mí me da que es una peli para que el director haga caja sin mucho
esfuerzo. Desde El
renacido
han pasado 11 años, se habrá fundido la pasta y con algo tiene que
pagar el chalé de Llanes. Eso. Que vaya a Asturias y se relaje un
poco. Ya dejó claro que no le gusta el petróleo.
Inárritu
ha intentado hacer su gran zurullo al estilo de la Megalópolis
de Coppola
y casi lo consigue. Digger
no es tan mala pero es bastante payasa.






