Danny
es un chico incontrolable. Desobediente, gamberro, cerca de lo
psicópata. Imposible dar clase con él presente. Cuando Danny arroja
a una compañera por las escaleras, su profesora Maria lo secuestra y
lo encierra en el sótano. En clase todo el mundo es feliz, aprende y
los padres están contentos. Pero, ¿ahora qué?
Brutal.
Sólo había una forma de salir de este planteamiento loco: llevar la
locura al extremo, volverse más loco.
La
película es una sátira brutal, un canto fúnebre al fracaso
educativo, a la ausencia de autoridad, a la evasión de la
responsabilidad… El fracaso educativo es sólo un reflejo de la
sociedad adocenada, estúpida, infantilizada. Nadie quiere problemas.
Que los resuelva otro.
La
película es drama, comedia y hasta terror. Pero conviene no
tomárselo en serio porque todo son moralejas, humor ácido,
corrosivo. Esto no va de si es moral o no secuestrar a un niño
sociópata. Esto va de poner a caldo un sistema hipócrita que
asienta sobre el buenismo todo tipo de perversiones, sobre las
ideologías una demolición total de ideas.
Nadie
piensa, nadie es responsable ética, moralmente. Evitar la autoridad
paterna, esconderse de los problemas, huir cuando se nos pide
responsabilidad… Es un retrato del fracaso de toda una sociedad.
Europea, sospecho.
Esa
reunión del AMPA es el culmen. Una secuencia maravillosa.
El
director sueco (Jonatan Etzler) hace muy bien en no dar
respuestas y creo que incluso hace bien en su cinismo. Viene a decirte: interpreta tú
lo que quieras pero, por favor, piensa un poco, piensa una vez en la
vida al menos.
Ah.
Y nada idealista con los niños. Los niños sin educación son
extremadamente egoístas y aquí no hay una única manzana podrida.
Con
muy buen ritmo, incómoda, banda sonora intensa y una Saoirse
Ronan que sostiene esta locura imprevisible en un arco de
transformación hacia la sonrisa del político que vende al pueblo
como éxitos sus desmanes.
-Esto
es por Danny.






