No
voy a tolerar que me llenéis la sección de comentarios con disputas
políticamente correctas o incorrectas acerca de quién es “raro”
o “normal”. Pienso que, a grandes rasgos, la mera intuición y la
buena voluntad sirve para entendernos.
Digo
esto porque es una serie de gente rara que hace cosas raras. Gente
muy rara, amable, maniática, desubicada, solitaria, muy humana, que
ve a los otros como raros pero que logran convivir aceptando las
rarezas mutuas. Es una serie que sólo te gustará si disfrutas
viendo a británicos suburbanos de hábitos infrecuentes.
El
protagonista es Mike Sleep, trabaja en un supermercado, vacila a los
clientes, es amigo de otra dependienta que nunca hace nada, trata de
esquivar a un encargado que se
asegura de
que descansen, tiene un vecino quisquilloso, una vecina extravagante,
un cuñado con sus propios planes, una novia que desapareció y un
padre en una residencia de ancianos que, durante
la guerra,
conoció en Egipto a un italiano metafísico y alquimista.
Esto
último es importante porque aún conserva la fórmula para crear
homúnculos profetas.
¿Qué?
¿Cómo te has quedado?
Es
una serie de homúnculos profetas en la campiña inglesa. Lo típico.
Lo
que a mí más me gusta. También hay niños ladrones, manchas de
aceite con forma de conejo, una
parejita misteriosa intrigando, un meteorito y unos arranques de
delicadeza, de afecto, que te dejan desarmado. Siempre se las apañan
para encontrar el corazón tras la máscara más fría.
Además
de los personajes me gusta todo. Su tono marciano, la disposición de
la casa de Mike, la banda sonora (especialmente los cierres de Cinder
Well)…
Que
continuará, dice al final. Muy bien. Cierran lo que tienen que
cerrar y veremos cómo sigue esta maravillosa locura. 6 capítulos de 30 minutos.






