Los
minions, como siempre, buscan a un malvado al que servir. Como
siempre, por torpeza, acaban matándolo. También, por accidente, en
los años 20, acaban convirtiéndose en las mayores estrellas de
Hollywood con películas incomparables. Los Oscar tienen forma de ya
sabes qué. Los principales artífices son Henry y James.
Hasta
que llega el sonido. Y les despiden.
Y
tienen una idea brillante (absurda). O dos. Porque es eso o invadir
la Tierra.
Si
eres cinéfilo podrás disfrutar las decenas de referencias a los
Lumière, Meliès, Chaplin, Harold Lloyd,
Buster Keaton, Casablanca, Cleopatra…
Brutal la de Ciudadano Kane. Y si eres niño
disfrutarás del caos, el azar, la locura, el embriagador ritmo de
payasadas.
Vale.
Tampoco hay más. Ya conocemos a los minions y dan para lo que dan.
Es un desparrame de gags que no conceden respiro, unos más graciosos
que otros, pero hay que reconocer que son imaginativos y casi siempre
con ingenio.
Divertida
sí que es para todo el mundo.






