El
manga
(Masamune
Shirow)
apareció
en 1989 y se convirtió en uno de los múltiples referentes del
cyberpunk.
Pero en 1995, cuando Mamoru
Oshii
lo transforma en película, se convierte en un icono.
La
base era similar. El tono muy distinto. El manga
seguía la tónica habitual: acción, humor, toques frívolos,
bromitas adolescentes… La película lo eleva con un trasfondo
filosófico, instrospectivo, tristón. La película era bastante
lenta en gran parte del metraje y envuelta en una música de coros
disonantes y atmósfera melancólica.
Esta
serie viene a resucitar el manga, a recuperar el tono humorístico y
el ritmo acelerado. Personalmente no me parece que hiciera falta. Hay
cosas que sí me han gustado y otras que dan un poco de pena.
Sí
me interesa su mayor agilidad. Pero es porque ya he visto la
película, he calado en ella y tengo en el imaginario todo lo que me
quiere contar. La serie en sí, sin conocer la película, creo que
resulta precipitada, caótica en el montaje. Es pura sucesión de
escenas de acción.
Me
gusta el modo de exponer algunas ideas que se habían pasado un poco
más por alto en la película. Me quedo con el capítulo 4, cuando
especulan sobre las posibles causas de la rebelión de los robots:
Saturación informativa sin que lleguen a entender las causas, vacío
espiritual que incrementa el desconcierto y ser desechados,
reemplazados.
Lo
que menos me gustó: los momentos picantes y chistes verdes. Cuando
se editó formaban parte de la cultura del manga.
Ahora parecen pegotes rarísimos, sacados de un ecchi
que no encaja para nada aquí.
Lo
bueno de Ghost
in the Shell,
de todas sus películas y series, es la casuística que van
recopilando. Ahora, con la IA y la investigación en robótica,
parece más actual. Pero Ghost
in the Shell
lleva más de 30 años tocando todos los palos de la tecnología:
transhumanismo, IA, manipulación genética, nanobots, implantes
neurales… Y toda la combinatoria posible de esos elementos y los
problemas que provocan y la afición de alguien a ser un dios.
Es
muy fiel al cómic tanto en el relato como el dibujo pero aporta muy
poquito al concepto.
En
cualquier caso siempre está bien reencontrarse con la comandante
Motoko Kusanagi y con Batou. Me han dado ganas de ver de nuevo Arise.






