George
(Hugh Jackman) tiene un rebaño de ovejas y cabras al que
cuida con esmero. Por las noches, antes de dormir, les lee novelas
policiacas. George aparece muerto y el poli del pueblo, Tim, lo
considera un accidente. Pero las ovejas saben que ha sido un
asesinato y tendrán que ponerle a Tim pruebas delante de sus
narices.
Una
delicia. Tiene tres niveles: comedia, investigación, drama. Y los
tres funcionan a pleno rendimiento.
La
parte de comedia está en todas esas ovejas. El espectador tendrá la
fortuna de formar parte del rebaño y de entender su idioma ovino. Y
es tronchante. Qué bien dibujados los caracteres de cada oveja.
Lily, descubriremos, encuentra la solución a los misterios de las
novelas antes de que terminen de leérselos. Es la más lista. Pero
no lo hace todo sola y es una maravilla cómo se van complementando.
Qué bueno lo de cruzar la carretera. La interacción con el mundo
humano es lo más desternillante, desde luego.
La
investigación se desarrolla al estilo Agatha
Christie. Campiña británica, gentes rurales con motivos
para matar, colección de sospechosos. Es convencional pero no está
tratado con ligereza. Sigue correctamente las pautas del género.
Y
el drama. Sorprendente. Reflexiona sobre la muerte y el duelo, tiene
su punto existencialista, su planteamiento de fondo. También está
lo de los recuerdos (interesante cómo funciona en las ovejas y cómo
tienen que cambiar) y la pertenencia a una familia (el corderito de
invierno), el sentido de la sociedad…
Tiene
un colorido apabullante que se ve pocas veces hoy en día y el ritmo
es ágil, a veces casi vertiginoso. Veamos: se han juntado el tío
que escribió Chernobyl con el que dirigió Gru 3
y Los minions. ¿Empiezas a entender el nivel de
embriagadora locura que es esto?
Emma
Thompson sale como abogada de George. Otra con humor irónico y
mordaz.
Muy
bien. Una sorpresa que da mucho más de lo que aparenta.






