Un
casi ermitaño, en su cabaña, en las montañas nevadas, exhibe sus
gustos: la bandera con las barras y estrellas, Top Gun,
Bruce Springsteen, la NBA… Un poco raro si eres soviético.
Lo
digo en serio: ¿por qué se hacen tan pocas películas
así? ¿Y por qué, de las pocas que se hacen, muchas están
ambientadas en los años 80?
1987.
Unión Soviética. Un avión espía americano fotografía zonas
siberianas. Es derribado. Troy (Ryan
Reynolds)
sobrevive. Malherido es rescatado por Nikolai (Kenneth
Branagh),
un ex KGB que sueña con ser americano.
Una
aventura muy divertida a través de la estepa rusa. Un bar, un tren
repleto de militares, una dacha…
No
es una comedia de continuas situaciones locas. Pero tiene golpes muy
cuidados, elegidos. Una fotografía, un chiste oportuno y
cosas más sutiles como esos paisajes de construcciones soviéticas
mientras el coche circula…
O
Gorgo,
el niño ruso con cara de vampiro. De entre todas las secuencias
divertidas adoro la de la prostituta en el armario. Ahí hay alguien
que se ha empapado de Lubitsch.
Qué situación liosa, compleja para todos, en la que la única
salida es… hacer lo que hacen. Divertidísimo.
Lo
más Lubitsch
que he visto desde Lubitsch.
A
eso le añadimos los habituales encontronazos de la pareja
protagonista al conocerse y lo
del Día del Trabajo para
redondear al final.
Qué secuencia más genial.
Aventura,
acción, comedia, drama, parodia histórica, espíritu clásico…
Muy bien. Un pasatiempo de calidad. No me esperaba algo tan bien
hecho, tan equilibrado.
Una
secuencia más en los créditos, antes de que se vuelva el fondo
negro.






