Do-kyung
llega en un coche blanco al hospital con su hermana Mi-kyung
apuñalada. La propia Do-kyung tiene serias lesiones. Una sargento de
policía trata de averiguar qué ha pasado pero el relato de Do-kyung
tiene vacíos e incoherencias. La más importante es que Mi-kyung no
es Mi-kyung. ¿Quién es la herida? ¿Dónde está la verdadera
hermana? ¿Existe un tal Jung-man?
Las
deducciones de los polis las vamos viendo en flashback.
A medida que avanza la investigación aparecen otros relatos y otras
deducciones. Es una de esas tramas en las que cada nueva perspectiva,
cada nuevo ángulo, aporta variaciones o, incluso, cambia por
completo el relato.
Cuando
llegamos al cierre y todo parece claro, aún queda como media hora de
película y sabes
que esto no es lo que parece. Hay un pequeño detalle previo, cuando
Do-kyung se acerca a la cama de la mujer en coma y pronuncia un
nombre. Ahí descubres que tienen que aclararte las cosas desde un
último enfoque.
Procuraré
ver más películas de esta directora. Aun siendo su trabajo con menor
calificación resulta ser bastante buena. Christine Ko, con un
presupuesto que se ve poco abultado, filma con sobriedad pero con esa
característica contundencia de los coreanos para los momentos
fuertes de drama o de violencia.
Admito
que si no hubiese existido el giro final todo habría cerrado
perfectamente. Pienso que el último vuelco narrativo deja algún
fleco suelto. Pero por otra parte es necesario, es más
cinematográfico, más juguetón. Y no importa si se siente un pelín
forzado en beneficio del espectáculo.
Sostiene
la intriga de principio a fin.

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