Yoji
Yamada realiza otra película en su amado Tokio.
Un
taxista transporta a una mujer de 85 años. Sumire Takano abandona su
casa para irse a una residencia de ancianos. Quiere pasar el día
visitando los lugares de su vida pasada. Ese día les marca más
profundamente de lo esperado. Memoria, confidencias, pasado y
presente.
Para
ser una peli de Yamada ocurren muchas cosas. Entiéndeme:
sigue siendo ese cineasta de cositas pequeñas que te hurgan el
corazón. Pero aquí ocurren verdaderas tragedias. No llegas a los 85
años sin algunos mazazos y pecadillos. La vida de Sumire tiene
momentos bastante impactantes: las pastilla para dormir.
Por
la parte del taxista está esa búsqueda de un dinero que pueda dar
una mejor educación a su hija. Hay cariño en la familia pero están
claros los apuros económicos, las cuentas no acaban de cuadrarle a
la esposa y eso trae preocupación e inseguridad a la familia.
Todo
eso es lo que se van contando. También tiene algunos puntos de
comedia como cuando la policía les echa el alto.
Yamada
nunca me ha parecido deslumbrante y lo prefería en sus películas de
samuráis. Pero su cine sigue teniendo mucho corazón, sabe penetrar
en el alma humana, en lo mejor y en lo peor, sin juzgar.
Indudable
deudora de Paseando a Miss Daisy.
La
película también puede verse como una lección de interpretación
de Chieko Baisho a sus 85 años. Para frikis de Miyazaki:
fue la voz de Sophie en El castillo ambulante.

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