1932.
El momento más bajo tras el crack
del 29. Las otrora ricachonas Mattie y Tinsley han quedado
en la ruina por el crack,
el suicidio del padre y un testamento desaparecido. Como buenas pijas
urbanitas no tienen mucho instinto de supervivencia cuando se pierdan
en el bosque.
Tendrán
que lidiar con asesinos a sueldo, la naturaleza salvaje y su propia
estupidez.
Me
lo he pasado muy bien. En muchos momentos imita el estilo de los años
30, como si fuese una peli en blanco y negro coloreada, con fondos
falsos, muchos croma intencionados y estética anticuada. Incluso
en el sonido a algunos
intérpretes les ponen una sonoridad radiofónica arcaica. La
pega es que no siempre mantienen el estilo, pero resulta muy
atractivo.
Su
punto fuerte está en la química entre las dos actrices. Están
fabulosas. Se meten en sus papeles absurdos a conciencia. Tinsley es
decididamente tonta, sin contacto con la realidad; Mattie está llena
de conocimientos teóricos, pero es igualmente inepta para moverse
fuera de la ciudad. La dinámica de hermanas, peleas y apoyo, está
logradísima. Reconozco que tanta cháchara entre las dos puede
cansar, pero por lo general sus diálogos tienen la suficiente
soltura para resultar ágiles.
En
cierto momento las catástrofes en la naturaleza se detienen tras
encontrar a Silas. Ahí la narración cambia, entramos en el proceso
de madurez, en la adaptación al medio.
Película
tan excéntrica como encantadora. Puede resultar un poquito cargante
en algunos momentos pero basta con dejarse llevar por el tono
dicharachero de las hermanas Wilde.





















