Man-su
lo tiene todo: buena esposa, buenos hijos, buena casa, buen trabajo.
Cerezos de los que caen flores cuando toca. Después de 25 años es
despedido de la empresa. Pasan los meses sin encontrar trabajo. Al
fin es posible que le vuelvan a contratar en su antiguo trabajo. Pero
hay otros candidatos. No hay otra opción que cargarse a la
competencia.
La
planificación de Park Chan-wook, como siempre, es una
maravilla. El director tiene un instinto especial para descubrir
nuevas ideas en los planos, transiciones, cortes… La banda sonora
es también muy original, atrevida, contra lo que estamos
presenciando en pantalla.
Pese
a todo no me ha interesado mucho. Me parece demasiado acelerada,
enloquecida, histriónica. Exagerada hasta en el modo de moverse o
caerse de la gente. El pecado de los Safdie: si hay agitación
hay tensión. Y no es así.
Me
parece que 140 minutos son excesivos para un único tema de
conversación. Vueltas y vueltas a la misma cuestión, con momentos
de frenesí letal, de muertes atravesadas de humor y de azar. No diré
que es muy rara porque es la marca de la casa, pero pienso
sinceramente que el argumento no da para tanto.
Se
me hizo pesada. Decision to Leave era más compleja,
lenta, más calmada, pero su ritmo era adecuado, nunca me aburrió.
La cuestión estriba en que mientras veía No hay otra opción,
esperaba que dejaran de hablar para que mataran a alguien más, a ver
si era divertido. Y, en general, tampoco era para tanto.
Voy
a insistir: Park Chan-wook es un mago con la cámara. Gran
parte del metraje se sostiene puramente por su habilidad a la hora de
encuadrar.

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