14/2/26

No hay otra opción

Man-su lo tiene todo: buena esposa, buenos hijos, buena casa, buen trabajo. Cerezos de los que caen flores cuando toca. Después de 25 años es despedido de la empresa. Pasan los meses sin encontrar trabajo. Al fin es posible que le vuelvan a contratar en su antiguo trabajo. Pero hay otros candidatos. No hay otra opción que cargarse a la competencia.
La planificación de Park Chan-wook, como siempre, es una maravilla. El director tiene un instinto especial para descubrir nuevas ideas en los planos, transiciones, cortes… La banda sonora es también muy original, atrevida, contra lo que estamos presenciando en pantalla.
Pese a todo no me ha interesado mucho. Me parece demasiado acelerada, enloquecida, histriónica. Exagerada hasta en el modo de moverse o caerse de la gente. El pecado de los Safdie: si hay agitación hay tensión. Y no es así.
Me parece que 140 minutos son excesivos para un único tema de conversación. Vueltas y vueltas a la misma cuestión, con momentos de frenesí letal, de muertes atravesadas de humor y de azar. No diré que es muy rara porque es la marca de la casa, pero pienso sinceramente que el argumento no da para tanto.
Se me hizo pesada. Decision to Leave era más compleja, lenta, más calmada, pero su ritmo era adecuado, nunca me aburrió. La cuestión estriba en que mientras veía No hay otra opción, esperaba que dejaran de hablar para que mataran a alguien más, a ver si era divertido. Y, en general, tampoco era para tanto.
Voy a insistir: Park Chan-wook es un mago con la cámara. Gran parte del metraje se sostiene puramente por su habilidad a la hora de encuadrar.

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