Si
aún queda alguien que piensa que las mujeres no hacen películas
violentas, aquí está Nia DaCosta para demostrar que es la
más bruta de la clase. Y también prueba que, si Disney le hubiese
dejado dirigir a su aire, probablemente The Marvels
habría sido mucho mejor.
Pienso
que comete el clásico error de las últimas pelis y series de
zombis: hay pocos zombis y se centran en conflictos éticos, en
dramas humanos, en decirnos que los humanos son peores que los
zombis. Me gusta que haya zombis en las ficciones de zombis. Por eso,
de la última década, me quedo con Train to Busan y la
serie Black Summer. Ahí el drama surge realmente de la
presión continua de los zombis. En el resto de producciones que he
visto el drama es postizo.
Digo
esto porque en la presente película me gusta el retrato que hace de
la indudable degradación moral que se produciría, los problemas
mentales de los supervivientes, las atrocidades a las que una
situación así daría lugar. Pero le faltan zombis. La presión es
humana, la lucha es entre humanos, los zombis no simbolizan nada o
podrían simbolizar lo mismo que los extraterrestres, los robots o
cualquier otra extinción.
De
hecho los Jimmy se cargan a los zombis con tanta facilidad que no
parecen suponer un problema.
Así
que sí me gusta la espeluznante puesta en escena de DaCosta,
me gustan las perturbadas personalidades de los personajes y su
drama, particularmente la evolución de Sansón. Pero insisto: los
zombis deben ser símbolo, metáfora, alegoría de algo, deben ser el
motor, la presión, la causa. Si no es así, para qué.
Impactante
por las salvajadas pero ¡quiero mis zombis!.

No hay comentarios:
Publicar un comentario