18/1/26

28 años después: El templo de los huesos

Si aún queda alguien que piensa que las mujeres no hacen películas violentas, aquí está
Nia DaCosta para demostrar que es la más bruta de la clase. Y también prueba que, si Disney le hubiese dejado dirigir a su aire, probablemente The Marvels habría sido mucho mejor.
Pienso que comete el clásico error de las últimas pelis y series de zombis: hay pocos zombis y se centran en conflictos éticos, en dramas humanos, en decirnos que los humanos son peores que los zombis. Me gusta que haya zombis en las ficciones de zombis. Por eso, de la última década, me quedo con Train to Busan y la serie Black Summer. Ahí el drama surge realmente de la presión continua de los zombis. En el resto de producciones que he visto el drama es postizo.
Digo esto porque en la presente película me gusta el retrato que hace de la indudable degradación moral que se produciría, los problemas mentales de los supervivientes, las atrocidades a las que una situación así daría lugar. Pero le faltan zombis. La presión es humana, la lucha es entre humanos, los zombis no simbolizan nada o podrían simbolizar lo mismo que los extraterrestres, los robots o cualquier otra extinción.
De hecho los Jimmy se cargan a los zombis con tanta facilidad que no parecen suponer un problema.
Así que sí me gusta la espeluznante puesta en escena de DaCosta, me gustan las perturbadas personalidades de los personajes y su drama, particularmente la evolución de Sansón. Pero insisto: los zombis deben ser símbolo, metáfora, alegoría de algo, deben ser el motor, la presión, la causa. Si no es así, para qué.
Impactante por las salvajadas pero ¡quiero mis zombis!.

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