Los
EEUU prueban un arma experimental en Tasmania. No sale como esperaban
y dejan medio millón de muertos. Ava ha quedado viuda y se apunta a
la unidad para recuperar cadáveres.
Hay
rumores de que algunos muertos se mueven. Un poquito.
Es
una película muy bien hecha. Técnicamente ejemplar. El director
sabe manejar la cámara para lograr el efecto que quiere.
Planificación, encuadres, contrastes de fotografía, sonido
(tremendo el sonido), banda sonora, un montaje de saltos abruptos y
elipsis, contar las cosas con la imagen más que con palabras.…
Se
le puede culpar del bajo índice de hemoglobina, un defecto que ya
señalé hace poco en 28 años después. Pero aquí los
zombis sí tienen una función: son un símbolo del duelo.
¿Cómo
llevamos la muerte de los seres queridos? ¿Cómo nos impacta, cómo
reaccionamos, qué decisiones tomamos? ¿Qué esperamos de los
muertos?
Imagino
que, en este sentido, a unos les parecerá que dedica a ello
demasiado tiempo y otros supondrán que debió profundizar aún más
ya que, desde el punto dramático, es el núcleo de la historia, el
mensaje. No me gusta que jueguen el cliché de la infidelidad porque
de ese modo se resuelve más rápidamente lo que se refiere al duelo.
Me
gusta este pequeño giro al tema zombi. No faltan momentos
perturbadores y extraños. Sí le falta una carnicería potente, un
momento salvaje, sangre. Pero me parece una película muy sugerente
y, como digo, realizada con sabiduría cinematográfica.
Bien
Daisy Ridley.

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