Una
película bastante buena, por encima de la media dentro de su género.
No llega al nivel de Heat, pero se nota que el director
tiene en mente la película de Michael Mann.
Davis
(Chris Hemsworth) es un ladrón de guante blanco. Nada de
muertes ni heridos ni huellas tras él. Su némesis es Ormon (Barry
Keoghan), rudo, agresivo. Les sigue la pista, a lo largo de la
ruta 101, un poli, Lou (Mark Ruffalo). También tiene algo que
aportar una corredora de seguros llamada Sharon (Halle Berry).
Hay
dos grandes escenas de acción -persecuciones en carretera- pero la
película se sustenta en el drama y el suspense. Lo importante es la
psicología de los personajes y cómo su carácter es el detonante de
la acción. Son las decisiones las que desarrollan el guion.
Chris
Hemsworth no es un gran actor pero es inteligente y elige papeles
en los que sabe que puede desenvolverse bien. Personajes seguros de
sí mismos, sobrios, calmados. Incluso cuando las cosas les son
adversas saben mantenerse con la cabeza fría. Es interesante que no
lo presenten como un héroe: sus traumas, su recurso a prostitutas,
demuestra que el guion no quiere convertirlo en el tipo perfecto.
No
entro a describir a los otros tres -míralo, mejor- pero a lo que voy
es que son personajes bien escritos, creíbles, con aristas.
También
es bastante bueno el montaje, a veces mostrando situaciones
paralelas, otras bastante divergentes.
En
el fondo no se trata de contar el robo perfecto. Es una película que
busca ante todo la moralidad de los actos. En ese sentido lo que se
busca es la posibilidad de redención de cada uno de ellos y, por
otro lado, el sentido de justicia. Porque a mí me parece que ese
resultado apañado sin tribunales es mucho más cabal que cualquier
sentencia que hubiera dictado un juez.
140
minutos y no se hace larga. Mucho mejor de lo que esperaba.

No hay comentarios:
Publicar un comentario