Lo
primero y que quede claro: no es una serie de superhéroes. Es una
serie sobre el cine. El protagonista es un actor que oculta sus
superpoderes. Pero
podría ser dueño de unos arrozales o diseñar puzles y
daría
igual.
Es
el mejor guion que han
escrito en Marvel.
Cameos
(ojo a Josh
Gad),
guiños, referencias, chistes cinéfilos, prioridad
a los casting
y un capítulo en blanco y negro para contarnos la historia del
Hombre Puerta y la razón por la que prohíben gente con superpoderes
en Hollywood. Muy
bueno.
Yahya
Abdul-Mateen II
y Ben
Kingsley
(¡82 años!) están sensacionales. Me encanta cuando reinterpretan
otras interpretaciones. Tiene mucho sentido que ambos se conozcan en
una reposición de Cowboy
de medianoche.
En el fondo es la misma trama contada de un modo diferente.
La improbable amistad de dos inadaptados.
Simon
Williams es un actor buenísimo. Pero profundiza en los personajes
demasiado, busca hondura, desarrollo. Es
un obseso, un pesado, se
convierte en un problema para la producción y terminan por
despedirlo. Un día le dan el papel de Wonder
Man
(capítulo 6,
no te creas) y
sus poderes de súper son
cada vez más molestos.
Es
mejor que The Studio. Tiene comedia pero sin ser
descerebrada, tiene profundidad sin ser plúmbea, tiene drama llevado
con la seriedad adecuada.
Esta
vez Marvel sí podría haberla promocionado como “es diferente a
todo”. Y no lo ha hecho porque, sospecho, no confiaban en ella.
La única vez en que sí es diferente. Es muy sólida; un ejemplo muy
bueno de alguien que detesta tener poderes por razones convincentes.
Un gran poder conlleva una carga inaguantable que no habías pedido.
Me
la han tenido que recomendar tres personas. Al final me puse a ella
porque los capítulos son de 30 minutos. Hice bien. Buena serie.

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