12/2/26

La batalla de las colinas del whisky

-Los historiadores coinciden en que las disputas entre las tribus de las llanuras se resolvían muy rápidamente.
John Sturges no entra en la categoría de los grandes del cine. Grandes, grandes. Pero debería. No fue un director que escogiera guiones (porque no quería o no podía, no lo sé). Dirigía todo lo que caía en sus manos y lo hacía con una competencia imponente. Si tenía un buen guion te hacía maravillas como Los siete magníficos o La gran evasión.
Y si le caía una tontería como La batalla de las colinas del whisky, una comedia del Oeste prácticamente inadaptable por sus casi 3 horas de duración, seguía haciéndote una película de un gran nivel.
Un cargamento de whisky es buscado por las puritanas de la Liga de la Templanza, la caballería estadounidense, los indios y los mineros. ¿Quién se lo quedará?
El tono irónico, la parodia del Western, se despliega en fondo y forma. Un cargamento de whisky suple el clásico oro y las razones para asaltarlo son ridículas. La voz de un narrador apela de continuo al consenso general de los historiadores, como para aportar seriedad, pero está cargada de sarcasmo. Quiero decir que casi siempre funciona bien el humor inteligente, la comedia de situación, los diálogos de doble sentido, los gags…
A veces, sí, siendo tan larga, falla un poco el ritmo, pero es una de esas películas que te pones a ver después de comer y te la terminas justo antes de cenar. Aventurera, familiar, buscando, ante todo, ser agradable y disfrutona.
Me encanta el Oráculo: funciona dándole alcohol. Cuanto más alcohol más cosas ve.
Burt Lancaster y Lee Reemick eran los protagonistas de una historia bastante coral.

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