-Los
historiadores coinciden en que las disputas entre las tribus de las
llanuras se resolvían muy rápidamente.
John
Sturges no entra en la categoría de los grandes del cine.
Grandes, grandes. Pero debería. No fue un director que escogiera
guiones (porque no quería o no podía, no lo sé). Dirigía todo lo
que caía en sus manos y lo hacía con una competencia imponente. Si
tenía un buen guion te hacía maravillas como Los siete
magníficos o La gran evasión.
Y
si le caía una tontería como La batalla de las colinas del
whisky, una comedia del Oeste prácticamente inadaptable por
sus casi 3 horas de duración, seguía haciéndote una película de
un gran nivel.
Un
cargamento de whisky es buscado por las puritanas de la Liga de la
Templanza, la caballería estadounidense, los indios y los mineros.
¿Quién se lo quedará?
El
tono irónico, la parodia del Western, se despliega en fondo y
forma. Un cargamento de whisky suple el clásico oro y las razones
para asaltarlo son ridículas. La voz de un narrador apela de
continuo al consenso general de los historiadores, como para aportar
seriedad, pero está cargada de sarcasmo. Quiero decir que casi
siempre funciona bien el humor inteligente, la comedia de situación,
los diálogos de doble sentido, los gags…
A
veces, sí, siendo tan larga, falla un poco el ritmo, pero es una de
esas películas que te pones a ver después de comer y te la terminas
justo antes de cenar. Aventurera, familiar, buscando, ante todo, ser
agradable y disfrutona.
Me
encanta el Oráculo: funciona dándole alcohol. Cuanto más alcohol
más cosas ve.
Burt
Lancaster y Lee Reemick eran los protagonistas de una
historia bastante coral.

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