El
Olimpique de Marsella ha fichado a un jugador brasileño. Acaba de
aterrizar en París cuando un hombre lo toma como rehén. Thomas, un
policía, interviene y, desafortunadamente, hiere al jugador, no al
secuestrador. Thomas es transferido a Marsella.
Me
ha sorprendido lo buena que es en su
contraste entre drama y comedia. Salta de de
un género a otro
con facilidad y ambos
funcionan bien.
Es
otra de esas series francesas que juega al choque cultural entre
regiones. Eso que inauguró tan exitosamente Bienvenidos al norte,
ahora lo presenciamos con el parisino que aterriza en Marsella.
La
parte dramática es realista
en el caso pero no en la atmósfera. Me explico: Marsella es mucho
más violenta, con más delincuencia y más narcotráfico del que nos
muestran. Islamistas y drogas han convertido la ciudad en un
polvorín. La serie no ha querido dar esa imagen general. Pero sí se
intuye algo en los
casos particulares
que trata de
modo procedimental,
bastante
realistas.
La
parte de comedia. La teniente Nora Kader es buen personaje. Está
acostumbrada a moverse en los bajos fondos y hace las cosas a su modo
marrullero. Tiene problemas con sus jefes y, desde luego, choca con
el estirado Thomas
Chevalier
(bien escogido el apellido). Los
otros dos polis de apoyo juegan bien sus bazas: el bruto con corazón
y el aparentemente despistado con sus momentos brillantes.
Es
algo así como los chicos de The
Shield,
pero honrados y suavizados, trabajando con Will
Trent.
Tratan de mantener al jefe al margen pero se verán obligados a
cooperar.
Como
cualquier procedimental policíaco es genérica pero tiene cosas
buenas que se salen de lo habitual.
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