Un
hombre y una mujer en una isla. Guerra de sexos. Quizá me equivoque
pero las guerras de sexos han tenido en cine la tradicional tendencia
a convertirse en películas románticas.
Bien.
Ésta no es una peli para los románticos. Es una peli para todos
aquellos que han tenido un jefe gilipollas.
Linda
es una empleada trabajadora, competente, una máquina en economía.
Práctica, con recursos, sabe que puede salir adelante. Pero su jefe
le niega el ascenso. Una y otra vez. Se aprovechan de su trabajo. Así
que, durante un viaje en que el avión se accidenta, sólo ella y su
jefe sobreviven. ¿Se aliarán para sobrevivir o se harán la vida
imposible?
Pues
es Raimi y si le dicen guerra de sexos él tendrá claro qué
significa “guerra”.
No
hay tanta sangre como yo esperaba. A ver: sí hay bastante, pero
concentrada en determinados momentos con un salvajismo cómico
sorprendente (el jabalí es bastante importante). Y esa es la firma
de Raimi: violencia inesperada y comedia inesperada. Todo
junto, revuelto, exagerado.
Rachel
McAdams y Dylan O’Brien están muy bien. Por el tono de
la película saben que tienen que exagerar un punto muchas de sus
reacciones pero saben manejarlas, subiendo hasta el punto justo.
Hay
un tramo de película más calmado en que pierde ritmo. Supongo que
es necesario porque el director está jugando con el espectador a lo
que no es. Pero cuando llega el momento oportuno no temas: es una
locura.
Qué bien me lo he pasado. No es para todos. O conectas o no.
