Esteban,
célebre director de cine lleva 13 años sin ver a su hija, Emilia.
Esteban propone a Emilia que sea la actriz principal de su próxima
película.
Sorogoyen.
Hay que reconocerle que tiene las ideas claras y sabe exactamente lo
que quiere. Arrancar la película con una conversación de
primerísimos planos, de plano y contraplano, durante 20 minutos es
bien arriesgado. A mí, personalmente, no me gusta, pero reconozco lo
bien que lo lleva, cómo se pisan las réplicas, la naturalidad -y
tensión- con que fluye.
Pensé
que sería inevitable compararla con Valor sentimental.
En cierto modo es así por el tema. Pero ahí termina todo. Los
planteamientos son muy distintos.
La
película de Sorogoyen es muy cinéfila en el sentido de que
se empeña muchísimo en mostrar cómo se filma una película. Ahí
realiza una película dentro de la película. Pero está ese
documental sobre la primera película que hizo. Y vuelve a ser otra
película dentro de la película. Pienso que la cinefilia de
Sorogoyen se come el tema central.
Lo
mejor es esa ambigüedad permanente, ese no decirse cosas por mucho
que se digan a veces: dejar que el espectador interprete. Y también
me gustaron muchos pequeños detalles. Ese parecer que Emilia no
conocía el restaurante cuando sí lo conocía, la búsqueda en
Google en la que ella no aparece como hija, la chica que comenta que
Emilia no disfruta cuando actúa, el encuentro con la otra familia,
cómo la película El ser querido pasa a ser la
película Desierto en el mismo plano cambiando la iluminación…
Pero
hay cosas que no pillo. No entiendo todos esos saltos al blanco y
negro, tan innecesarios. La entrevista con el periodista no me la
creo para nada. Ese distanciamiento inicial es comprensible pero se
prolonga demasiado (en tiempo fílmico) sin llegar a nada. Secuencias
que, en retrospectiva, parecen superfluas…
El
conjunto me pareció bastante desequilibrado. Pongo un ejemplo: el
rodaje de la escena de la comida. Comienza siendo algo imponente y se
alarga tanto que termina por agotar. Me interesó su violencia
latente y me aburrió porque parecía que nunca iba a terminar. Lo
realista pasa a ser artificio.
Pienso
que es una película para que Javier Bardem vuelva a lucir sus
impresionantes dotes interpretativas, para reflejar el ego descomunal
de Esteban, pero la cuestión paternofilial apenas lo rozan, muy lejos de llegar al meollo.
Mi
escena preferida: cuando comenta que es malo beber y su consecuencia.
De la hipocresía con el pueblo saharaui mejor ni hablar.

No hay comentarios:
Publicar un comentario