29/8/26

El ser querido

Esteban, célebre director de cine lleva 13 años sin ver a su hija, Emilia. Esteban propone a Emilia que sea la actriz principal de su próxima película.
Sorogoyen. Hay que reconocerle que tiene las ideas claras y sabe exactamente lo que quiere. Arrancar la película con una conversación de primerísimos planos, de plano y contraplano, durante 20 minutos es bien arriesgado. A mí, personalmente, no me gusta, pero reconozco lo bien que lo lleva, cómo se pisan las réplicas, la naturalidad -y tensión- con que fluye.
Pensé que sería inevitable compararla con Valor sentimental. En cierto modo es así por el tema. Pero ahí termina todo. Los planteamientos son muy distintos.
La película de Sorogoyen es muy cinéfila en el sentido de que se empeña muchísimo en mostrar cómo se filma una película. Ahí realiza una película dentro de la película. Pero está ese documental sobre la primera película que hizo. Y vuelve a ser otra película dentro de la película. Pienso que la cinefilia de Sorogoyen se come el tema central.
Lo mejor es esa ambigüedad permanente, ese no decirse cosas por mucho que se digan a veces: dejar que el espectador interprete. Y también me gustaron muchos pequeños detalles. Ese parecer que Emilia no conocía el restaurante cuando sí lo conocía, la búsqueda en Google en la que ella no aparece como hija, la chica que comenta que Emilia no disfruta cuando actúa, el encuentro con la otra familia, cómo la película El ser querido pasa a ser la película Desierto en el mismo plano cambiando la iluminación…
Pero hay cosas que no pillo. No entiendo todos esos saltos al blanco y negro, tan innecesarios. La entrevista con el periodista no me la creo para nada. Ese distanciamiento inicial es comprensible pero se prolonga demasiado (en tiempo fílmico) sin llegar a nada. Secuencias que, en retrospectiva, parecen superfluas…
El conjunto me pareció bastante desequilibrado. Pongo un ejemplo: el rodaje de la escena de la comida. Comienza siendo algo imponente y se alarga tanto que termina por agotar. Me interesó su violencia latente y me aburrió porque parecía que nunca iba a terminar. Lo realista pasa a ser artificio.
Pienso que es una película para que Javier Bardem vuelva a lucir sus impresionantes dotes interpretativas, para reflejar el ego descomunal de Esteban, pero la cuestión paternofilial apenas lo rozan, muy lejos de llegar al meollo.
Mi escena preferida: cuando comenta que es malo beber y su consecuencia.
De la hipocresía con el pueblo saharaui mejor ni hablar.

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