Jimmy
Fonda es psicólogo. Le piden que vea a un sujeto. La paciente es una
niña de 9 años con camisa de fuerza, atada a una silla, altamente
vigiada. En fin: como si fuese Hannibal Lecter. Fonda no tarda en
descubrir la enorme inteligencia de la niña. Ahora habrá qué ver
qué más hay en ella.
Un
duelo entre el psicólogo y la niña superdotada. La idea es que un
grupo de expertos, dadas las cualidades de Ellie, ha decidido que
aplicarle la eutanasia -o pena de muerte, lo que gustes más- es lo
mejor para ella y la sociedad.
Fonda
es la última oportunidad. El psicólogo tratará de acceder al alma
de la niña, intentará probar que no sólo hay una egocéntrica,
manipuladora y psicópata.
Otra
de esas películas con muy pocos medios que se sustenta básicamente
en el guion. También hay que tener en cuenta unas interpretaciones
adecuadas, particularmente la de la niña. No es fácil que una cría
de 9 años pronuncie con convicción esos discursos analíticos,
psicológicos, controladores.
Luego
está esa fotografía característica de las celdas, los fríos
organismos del gobierno, contrapunteada por la luminosidad de las
escenas de apertura y cierre.
Dura
80 minutos, un recorrido justo para mantener el ritmo, el suspense y
soltar un par de sorpresas.
Me
gustan esas películas que están por encima de sus bajos
presupuestos.

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