26/8/26

El almirante: Mar de fuego

-El miedo no discrimina.
En Corea del Sur van muchísimo al cine. Cuentan la taquilla por número de espectadores, no por dinero, y eso no está sujeto a la inflación. Son 51 millones de habitantes (no mucho más que España) y no es raro que alguna película la vean más de 10 millones de espectadores.
El récord, con más de 17 millones (1 de cada tres habitantes), lo tiene esta película. Una hazaña semejante a la de Blas de Lezo. Pero aquí nunca haremos una película sobre Blas de Lezo porque una inmensa masa ignorante pensaría que es fascista o racista o imperialista o algo así un hecho del siglo XVIII. Que, también te digo, para que me destrocen la historia o las secuencias de acción, mejor que no hagan nada.
Blas de Lezo: 6 navíos contra 200 barcos británicos en Cartagena de Indias en 1741.
Yi Sun-sin: 12 navíos contra 300 barcos japoneses en Myongnyang en 1597.
Una absoluta locura estratégica. Es una maravilla contemplar el sistema de remos, el anclaje de los barcos girando sobre su eje a babor y estribor, la zona de corrientes y remolinos que empujaba al enemigo hacia el centro, cañones, rifles, flechas…
Una maravilla épica. La superioridad numérica atrapada en una ratonera donde la muerte llegaba de formas inesperadas. Un almirante de marina que conoce al dedillo los mares de su patria y los aprovecha en cada bahía, cada estrecho, cada corriente, cada marea. Y rodado con claridad para que el espectador entienda las posiciones navales.
Exagerando la realidad, claro que sí, en modo espectacular. Tiene ese tono heroico y legendario que occidente parece haber olvidado y que Corea abraza con gusto. Un relato apabullante en sus escenarios bélicos, sus discursos esculpidos y sus gestos grandilocuentes.
Cine comercial bien hecho, a lo grande.

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