La
veo aquí y pienso que Sasha Calle (Val) debió continuar como
Supergirl. Es mucho más fácil creérsela como tipa
dura y macarra antes que a Millie Alcock. Y tenía un punto de
oscuridad más interesante. Pero vamos con Sugar, que
es lo que toca.
Un
boxeador contrata a Sugar para que encuentre a su hermano.
Preferiblemente vivo.
¿Cómo
no va a gustarme esta serie? Es tan clásica… Ambientada, rodada,
asentada en la actualidad. Pero de un clasicismo increíble. Están
todas esas pelis recordadas, los crímenes de novela negra, las
mujeres fatales, los combates de boxeo, los coches, trajes, palmeras.
Es California, es Sam Spade y todo el universo de Dashiell
Hammett, es Marlowe de Raymond Chandler, es Sugar
(o como quiera que se llame) de un planeta desconocido.
Me
encanta ese momento en que Sugar comienza a conocer a Charlotte. Ella
es una filántropa, interesada en mejorar el mundo, influyente en
altas esferas… Y
la película que se
le viene a la cabeza a
Sugar
es
Gilda.
Sugar es listo pero su subconsciente más.
Alguien
tiene que explicarme de dónde saca el dinero Sugar. Vive en un hotel
de lujo, se compra una casa en las colinas de Hollywood para tenerla
vacía, da unas propinas imponentes sin dudarlo, descapotable,
trajes… Y no es que en los casos le paguen muy bien. Así que…
¿de dónde?
Es
muy triste ese “archivo” de contenedores temporales con la ceniza
de los muertos no reclamados por nadie.
Sólo
una objeción: la abrupta resolución del caso policiaco en unos
minutillos rápidos del episodio 8. También me habría gustado que
Val tuviera más protagonismo.
Hay
detalles muy curiosos, como ése en que vemos una silla de producción
de Puro vicio, la peli de detectives de Paul Thomas
Anderson ambientada en los 70. Así de friki es Sugar.
¿Me
permites
que
me ponga friki yo también?
Harry Bosch
debe
tener
su casa al lado de la de Sugar, ¿verdad? ¿Y si un día se
encuentran?

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