Me
detuve un buen rato a pensar con qué puedo comparar esta película.
Para que sepas, más o menos, a qué atenerte. Pero es que nunca he
visto una película parecida a ésta.
Por
si sirve de algo aúna el estilo del Nuevo Hollywood de los años 60
(jóvenes, macarras, antihéroes, música alternativa o rock), el
cine de koljós soviético (realista con su carga simbólica/social)
y el cine de autor polaco (profundidad moral, reflexión histórica).
Sí,
ya sé. La película es un tanto pedante en sus diálogos o, más
bien, en los monólogos alucinatorios de Jemma. Pero eso se une con
la jerga sucia y realista militar y con los dramas de la vida
cotidiana. El efecto es desconcertante y crea una atmósfera de
extrañeza que es lo que busca la película.
No
hay aquí nada de comercial. Es una película de autor, cargada de
simbolismo, difícil de interpretar.
Se
supone que estamos en un futuro cercano con una policía
internacional. Jemma forma parte de un grupo que busca dilucidar las
desapariciones de niños. Jemma también tiene alucinaciones y sueños
de un mundo caótico. Esos flashes están poniendo en riesgo al resto
del equipo.
El
montaje no es lineal, juega con la repetición consecutiva de una
escena, está el símbolo del tótem/espantapájaros siniestro,
muertes de animales, algo de numerología, operaciones militares
infructuosas, entrenamientos pormenorizados, conversaciones profundas
pero abruptas… Imprevisible.
Una
rareza. Insisto en que no es nada comercial, más bien para
cinéfilos. O abres la mente a una experiencia distinta a cualquier
cosa que hayas visto o no te pongas con ella porque no recibirás
algo que estás esperando.
Pero
capta tu atención porque no sabes qué pasa o adónde va.
Al
director, Lukasz Rog, intentaré seguirle. Tiene algo que
contar.

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