13/8/26

An Inspector Calls

-¿Cierta clase de mujeres? ¿Aquí? ¿En Bromley?
80 minutos que parecen diseñados con un metrónomo. Basta con ver la secuencia de arranque, la cena, para adivinar que estás ante un guion de precisión matemática. Presentación de personajes, diálogos, estructura… Fluidez. Imposible distraerse. Te sumerge en ese entorno con gracilidad y habiendo planteado lo sustancial. Una familia casi aristocrática de 1912 a punto de casar la hija con un aristócrata completo. Muy majos todos.
Y entonces llega un inspector hablando de la muerte de una tal Eva Smith.
Es la historia de una enorme coincidencia… o de una familia prepotente con tentáculos muy largos. Y frente a ellos -o debajo de ellos- Eva Smith. O Daisy Renton. U otro nombre.
Ya he comentado en otras ocasiones que sí se escriben buenos guiones en la actualidad. Pero no así. No como estos. No con ese ir a lo esencial, esa economía de medios, esa armazón tan férrea. Y eso que tiene su parte de melodrama estilo La pequeña cerillera. Pero no es obstáculo para el ritmo impecable.
Aquí no importa quién es el culpable de la muerte. Se trata de desmontar la alambicada moral de una clase social, de exhibir las psicologías del poder, de hurgar en esos caracteres que se consideran impunes por su profesión.
La peli trata de la conciencia. De esa culpa rechazada que vuelve como un moscón insobornable.
El final es una maravilla. Tras un instante de conmiseración y buenismo, de sentimentalismo barato, regresamos al cinismo:
-Supongo que ahora todos somos buena gente.
Qué prodigio ese vuelco narrativo. Perdón: esos dos vuelcos narrativos.

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