Cole
es guardaespaldas de un empresario tailandés. Les tienden una
trampa, el ricachón es asesinado y los espectadores tenemos que
aceptar que Cole sea el sospechoso. No tiene ninguna lógica pero es
necesario para que Jason Statham se ponga de nuevo en modo
justiciero. Como esto ocurre a los 15 minutos, nos da igual la
incoherencia y tiramos para adelante.
Pero
después se suceden las inconsistencias. Por una intuición Cole va a
un barco cuando lo lógico habría sido ir a proteger al hijo. No
tiene ningún sentido -ninguno- que los malos envíen al barco a
Angie, señora que no debía estar allí, que sólo les complicará
la vida y sin cuya presencia habrían estado mejor. ¿Por qué se
introducen ellos mismos un topo en la misión? Pues supongo que para
que haya una mujer acompañando a Statham.
Una
vez más estamos en una de esas pelis de Statham en la que
trabaja para una familia, le quieren tanto que lo consideran uno más,
hay un crimen en esa familia (asesinato o secuestro preferiblemente)
y él tiene que empezar a romper huesos. Y esto último es lo único
que importa.
Pero
ahí está la cuestión. Es muy básica, flojita incluso para los estándares habituales del
género. Aunque está bien eso de que te claven un puñal en el
hombro. Te lo dejas ahí puesto para cuando te haga falta.
-Justo
lo que le faltaba a este desastre.

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