22/8/26

El motín

Cole es guardaespaldas de un empresario tailandés. Les tienden una trampa, el ricachón es asesinado y los espectadores tenemos que aceptar que Cole sea el sospechoso. No tiene ninguna lógica pero es necesario para que
Jason Statham se ponga de nuevo en modo justiciero. Como esto ocurre a los 15 minutos, nos da igual la incoherencia y tiramos para adelante.
Pero después se suceden las inconsistencias. Por una intuición Cole va a un barco cuando lo lógico habría sido ir a proteger al hijo. No tiene ningún sentido -ninguno- que los malos envíen al barco a Angie, señora que no debía estar allí, que sólo les complicará la vida y sin cuya presencia habrían estado mejor. ¿Por qué se introducen ellos mismos un topo en la misión? Pues supongo que para que haya una mujer acompañando a Statham.
Una vez más estamos en una de esas pelis de Statham en la que trabaja para una familia, le quieren tanto que lo consideran uno más, hay un crimen en esa familia (asesinato o secuestro preferiblemente) y él tiene que empezar a romper huesos. Y esto último es lo único que importa.
Pero ahí está la cuestión. Es muy básica, flojita incluso para los estándares habituales del género. Aunque está bien eso de que te claven un puñal en el hombro. Te lo dejas ahí puesto para cuando te haga falta.
-Justo lo que le faltaba a este desastre.

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