La
realidad es que, si nos fijamos en votaciones populares, la mayor
calificación de una película o cortometraje no supera el 5,9. Si
reparamos en la crítica especializada, hay división de opiniones
pero no excesivamente elogiosas. Raramente entusiastas. Las revistas
que dependen directamente de la publicidad del cine le suelen tratar
algo mejor, los periódicos de tirada nacional algo peor. Sí: me lo
he currado un poco porque me desconcierta la trayectoria de este
hombre.
En
Tren fantasma tenemos a dos hermanos, ya cuarentones,
que acuden, año tras año, a la atracción de feria del tren
fantasma en la que despareció su amigo cuando eran niños. Este año
va a pasar algo.
Aquí
se condensan en 15 minutos las virtudes y defectos que se reflejan en
todo el cine de Cronin. Virtudes: una idea bastante buena como
punto de partida y una imaginería perturbadora con puntos
originales. Defectos: débil ejecución, montaje con frecuencia
inconsistente, fiar todo al giro sorpresa que no lo es tanto y un
final al que no sabe dar cierre.
En
esta ocasión Cronin utiliza un recurso para el final que no
engaña a ningún crítico pero sí a muchos espectadores (aunque
cada vez menos): un flashback sentimental.
Lo
mejor de sus pelis y cortos, con mucha diferencia, es la fotografía:
el mérito debería ser para Tom Comerford y Dave Garbett.
Lee
Cronin es otro más entre los cientos -¿miles?- de directores
del montón de películas de terror que estrenan semanalmente en los
cines.
Está
claro que aquí detrás hay un buen publicista. Alguien que supo
convertir el primer desastroso largometraje de Cronin (Bosque
maldito) en una oportunidad para crear una campaña de “autor
incomprendido”. Ha sido suficiente para lograr un grupo amplio de
fans y, por tanto, para poder seguir haciendo películas.
No
es un autor pésimo pero mi consejo personal -que no me lo has
pedido, ya lo sé- es que no tienes por qué ir corriendo a la
próxima peli del director irlandés. Quizá incluso te la puedas
ahorrar.

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