En
la familia Frost hay dos ramas. Una se dedica a la coca, la otra se
dedica a la meta. A veces tienen guerras entre ellos. Lucas quiere
dejar el negocio familiar, casarse, tener hijos. Durante un atraco de
los Frost las cosas van a salir mal. Muy mal.
El
único problema que le veo a esta peli es que es un tema demasiado
visto. El mensaje de fondo es evidente. No tiene el toque de un
maestro para aportar algo nuevo.
Pero
lo demás está bastante bien. Interpretaciones, una planificación
decente y en ocasiones hasta ingeniosa, un ritmo adecuado y unas
escenas de violencia cruda, descerebrada, salvaje.
Estamos
en 1992 cuando los granjeros, después de una década de crisis en la
que completaron sus ingresos con el tráfico de cocaína,
descubrieron la llegada de un nuevo producto: la metanfetamina. Ahí
está el núcleo de la historia: como la familia se diversifica y
luego piensan que volver a concentrarse estaría mejor.
Entre
medias del embrollo anda Darlene Woodley, agente del sheriff y que ha
logrado mantener a sus dos hijos Frost a una relativa distancia. Pero
hay cosas inevitables y Lucas tendrá que tomar decisiones.
Me
ha gustado más de lo que esperaba. No alcanza una gran profundidad
psicológica en los personajes ni en la consideración de la
violencia como tema principal, pero funciona con precisión, sin
caídas de ritmo, desarrollando correctamente las situaciones.
La
recomienda. No es la típica película de acción vacía. Hay drama y
unas mezclas de odio/justicia bastante interesantes. Porque algo hay
que hacer.

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