Lorenz
Hart escribía canciones y Richard Rodgers
ponía la música. Durante 25 años compusieron musicales y más de
1.000 canciones, algunas inmortales. Pero Richard Rodgers
decide dejar a su alcoholizado compañero para componer con otro
-Oscar Hammerstein II- Oklahoma!
1943.
Oklahoma! es un éxito y nosotros veremos cómo Lorenz
Hart se lame las heridas de su decadencia en un bar, obsesionado
con el sexo, el hígado destrozado, a punto de morir (con 48 años),
celoso del éxito de su colega, poniéndose en ridículo.
Impresionante.
No sé si es mejor el guion o la interpretación de Ethan Hawke.
Después de defraudarme, mucho, en The Lowdown aquí
despliega toda su capacidad actoral. Imponente. Y eso que son muy
reseñables las actuaciones de Bobby Cannavale (como si
hubiera sido camarero toda su vida), Margaret Qualley y Andrew
Scott (ayer lo vimos en Puñales por la espalda).
Pero
el guion. Qué pedazo de guion escribe un casi desconocido Robert
Kaplow. Es tan bueno que no tiene futuro alguno en el cine.
Elogia la creatividad y el lenguaje de Hart mientras lo
muestra como un tipo egocéntrico que sólo se escuchaba a sí mismo
en su incansable verborrea. Y, al mismo tiempo, vulnerable, triste,
cansado. Agotado por sus debilidades.
Richard
Linklater hace bien eso tan difícil: un biopic. Se centra en una
sola noche, un único espacio y extrae toda la psicología de un
tipo. Un personaje complejo, como todos, deseoso de escribir sátiras
hasta que se convierte en sátira de sí mismo, cínico con el amor
hasta descubrir que ni ama ni le amarán. Aunque le gustaría ser
capaz de ambas cosas.
Muy
buena película. Estoy seguro de que se estrellará en la taquilla
pero no importa. La verá quien tenga que verla. Y espero que nominen
al Oscar a Ethan Hawke porque está inmenso.

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