Los
Andes patagónicos nevados. Paisaje y paisanaje. Una atmósfera
agreste y las gentes endurecidas que produce.
Tres
adolescentes (dos chicos y una chica) juegan con una Mauser. La chica
muere. ¿Quién disparó? Octavio, tío de la chica, guía de caza,
investiga.
Me
parece una película muy buena. Captura muy bien ese espacio
inhóspito y unos caracteres acordes a ese mundo: los chatarreros, la
tienda, el comisario retirado, los guías de caza, la prostituta
local… Un grupo de casas esparcidas en una vastedad incontrolable.
Supongo
que a muchos no les satisfará el giro final. Yo lo veo bien, incluso
me pareció previsible. En el fondo creo que el “quién” es lo
que menos importa. Es una tragedia griega en la que todos pierden. Es
una expresión de la sociedad actual en la que anteponemos los deseos
a la verdad. Pero Octavio descubre que la realidad siempre se impone
y, cuando llega ese momento, te estrellas contra ella como contra un
muro. Se impone a los deseos, a las pastillas, al alcohol… A todas
las mentiras que nos dijimos.
Es
un relato pausado para sumergirse en las reacciones ante la
responsabilidad. Qué hacemos con las consecuencias de nuestros
actos. Sólo le veo un defecto serio desde un punto de vista
estrictamente fílmico: cómo Soledad Villamil pasa de la
depresión al movimiento en un segundo. Estaba hundida en su sofá y
aparece de repente en coche de un modo muy conveniente.
Dejando
eso al margen me parece bastante buena. Hay que prescindir un poco de
lo policiaco, centrarse en el drama, en el fondo de lo que se quiere
contar. Si aceptas las películas de desarrollo lento te puede
gustar.

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