La
película arranca en el momento en que le comunican el fallecimiento
de su madre. Meursault recibe la noticia como quien se mira las uñas.
A Meursault le da todo igual.
Un
poco de opinión filosófica. Esto va de hombres libres. Libres de
moral. Nietzsche tenía al suyo y le llamó superhombre. El de
Camus era el polo opuesto, el indiferente, el pasota absoluto.
Me parece más coherente el de Camus: tanto esfuerzo por
liberarte de la moral para luego querer imponer tú la tuya. No.
Mejor la náusea de Camus.
Mejor
aún el Ripley de Patricia Highsmith. Es
verdaderamente amoral, es divertido, no es pedante e igualmente
perturbador. Sólo es literatura pero es el más coherente de los
tres si nos ceñimos a lo que haría un amoral en toda su plenitud. Y de verdad de la buena no siente culpa alguna. Porque es literario.
Se
me ocurría esto por la fotografía en blanco y negro. No persigue un
esteticismo tan abrumador como el Ripley pero sigue
siendo una gran labor de fotografía. Y, desde luego, los personajes
tienen bastante en común.
La
cuestión, pienso, es: ¿por qué mata al árabe? Mi interpretación:
lo mata porque le provocó un sentimiento, lo sacó de la
indiferencia. ¿Qué sentimiento? Da igual. Estaba imperturbable y le
han alterado. Similar reacción violenta a la que tiene ante el
sacerdote. Proclama el absurdo de la vida, el sinsentido, el que nada
importa, pero eso le provoca salir de la placidez de la inanidad.
El
absurdo risible de la película de Fernandel que veía con
Marie se hace realidad.
Hace
poco comenté otra peli de Ozon: Cuando cae el otoño.
Me gustó más que la presente. Tenía un nivel de ambigüedad mucho
más inquietante. Ésta, con su juicio, exposiciones de abogado y
fiscales, es menos sutil. En el fondo más moral.
Pero
como casi siempre, Ozon logra tocar alguna tecla dentro de ti.

2 comentarios:
No sé si debería decir inacción, en lugar de inanición.
Inanición era un error, ciertamente. Pero inacción, más correcta, tampoco era lo que buscaba. Creo que encontré la adecuada.
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