Primera
escena. Conocemos a Carmona y su familia. Van a tener un tercer niño.
Carmona pide el turno de noche, que está mejor pagado. Y, si vives
en Sinaloa y eres policía federal, es mucho más peligroso. Carmona
despierta todas las noches con la pesadilla de un tiroteo.
A
partir de ahí todas las escenas tienen una tensión medidísima.
Carmona tiene de compañero a un recién llegado, Rosales. No sabe si
puede confiar en él o no, si es corrupto y trabaja para los cárteles
o si es honrado.
Un
día dan el alto a un coche robado. Para su sorpresa dentro van el
Chapo Guzmán y el Cholo, que acaban de fugarse de una redada de la
Marina.
Lo
más prudente: dejar marchar al patrón del tráfico de la droga y
dejarse sobornar. Lo más justo: jugarse la vida y ver cómo esquivan
a la maña y polis corruptos. No saben ni a quién informar. Un error
y están muertos.
La
película cuenta la 3ª captura de el Chapo y lo hace con una
habilidad extraordinaria. No hay fanstasmadas, tiene un tono realista
y verosímil que realmente te lo crees, borda con calma las escenas
de acción y la tensión se eleva con un ritmo sostenido.
Muy
bien dirigida, montada y fotografiada. E interpretada. Carmona y
Rosales deben establecer una conexión rápida si quieren sobrevivir.
Una trama bien desarrollada. Mi momento preferido es el de Rosales, a
solas en el coche con los narcos, explicándoles por qué no acepta
los sobornos.
Una
mezcla de realidad y ficción más que digna, mucho mejor de lo que
esperaba.
8
de enero de 2016. 10:32 am. Los Mochis, Sinaloa.
