Blade Runner para tontos. Un
despropósito hecho a propósito. Empezamos viendo una ciudad abigarrada, humo, y
la Tyrell Corporation que aquí se llama Veidt Corporation. A partir de ahí
sigue plagiando todo lo demás, pero embruteciéndolo. Como si dijéramos: ¿sueñan
las androides con pegarse un tiro en la boca? Todo está explicado verbalmente
una y otra vez. Y eso significa que el ritmo se destruye una y otra vez, que se
estanca, que no avanza.
Y
haablaan een caamaaraa leentaaa.
Y
las interpretaciones son de un histrionismo escandaloso.
Bueno.
Sabía dónde me metía pues no había leído una crítica buena. Pero es que el
protagonista es Guy Pearce. Sólo él se salva hasta donde es posible.
-Aquello
que menos quería es lo que más me quiere a mí.
Me
parece muy difícil evaluar esta película pero una cosa es indudable: la
directora tiene una voz personal, capacidad de riesgo y se ha parado a pensar
alguna vez.
Hay
tormentas extrañas sobre la tierra, el COVID-28 acaba de manifestarse, tenemos
robots jubilados, Alexa se llama Dios 2.0, un astronauta queda varado en el
espacio, hay un acosador virtual, una familia de inmortales, una chica que
practica la prostitución intercambiando su mente.
En
sus virtudes están sus defectos. Muchas vidas de mucha gente con muchos temas
interesantes. Muy sugerente en planteamientos, con perspectivas novedosas e
interrogantes serios. Pero personajes y temas apenas quedan apuntados. El final
de la película lo justifica en cierto modo.
Cada
asunto que toca tiene calado, te deja dándole vueltas en la cabeza, pero
rápidamente pasamos a otro asunto, otra historia.
Las
dos grandes cuestiones, claro, por encuentro u oposición, son la soledad y el
amor, cómo buscamos evitar la primera y obtener el segundo. Cada fragmento
podría ser un capítulo de Black Mirror.
Con enfoques y preguntas más interesantes que los de Black Mirror. En 80
minutos hay demasiadas cosas. Aunque buenas.
Me
encanta lo de Dios 2.0, que te aconseja espiritualmente, te sirve de consuelo,
lleva la cuenta de tus pecados, te cobra por ellos y que, tras una
actualización, se estropea. Dios ha muerto. Y si no te gusta lo que dice el
nuevo, lo tiras.
-¿Qué
es esta cosa llamada amor? ¿Alguna vez di lo suficiente?
Me
ha gustado bastante. El arranque de la película realmente logró engancharme. El
director nos deja caer en medio de un par de situaciones caóticas a las que, en
principio no les vemos mucho sentido. Dos arrestos de dos tipos por cuestiones diferentes
y sin mucha lógica aparente. Después las cosas se empiezan a hilar.
Joe Carnahan aprovecha
estupendamente el presupuesto que tiene para construir una película de tiros
con cierta personalidad y estilo. Esa oficina del sheriff, tan maravillosa en
su arquitectura, en medio de la nada, se convierte en un escenario perfecto
para desarrollar una trama simple pero bien ejecutada.
Un
hombre, la agente que lo ha detenido, los asesinos a sueldo que van llegando,
el agente corrupto, los agentes federales… El montaje está muy logrado, sobre
todo, como digo, en sus compases iniciales. Pierde un poco de fuelle a ratos o,
más bien, no logra mantener siempre su nivel de anarquía. Pero la buena
planificación y la caracterización de unos personajes, a cuál más rarito, logra
que la ensalada de disparos y sangre alcance un nivel por encima de la media.
Frank Grillo, Gerard Butler
y Alexis Louder encabezan el reparto. Entretenida, visceral, al grano.
La
peor peli de Aranoa es, desde luego, Política,
manual de instrucciones, ese panfleto de estilo franquista que, 5 años
después de hacerse, está envejecido. Sigo pensando que su mejor película y la más redonda es Un día perfecto.
Pero ésta no está nada mal.
Todo
lo que se ha dicho de la interpretación de Bardem es cierto: descomunal.
Se come la película. Se apodera de ella y se la apropia. Gestualidad, dicción…
Enorme. Ahora bien: eso es un problema para el conjunto. El buen patrón está pensada para él,
para que se luzca, para que haga exactamente lo que ha hecho. Una
interpretación brutal.
Pero
es que apenas hay una escena en que no salga él. La cámara se pega a Bardem,
orbita en su gravedad, queda hipnotizada y se nota que el resto de personajes
están ahí como meros comparsas. Ojo: no digo que lo hagan mal. Es que el guión
no es tan generoso con ellos. El guión aquí flojea al no abrir el panorama a
otras perspectivas y enfoques, al no profundizar en las motivaciones de los
otros, en sus miradas, en cómo ven ellos realmente al patrón. Eso no pasaba en Un día perfecto. Eran cuatro actores de calibre y cada uno
prestaba su definición. Aquí el guión es una única voz.
Habría
estado bien ver la sátira, el sarcasmo, la ironía hiriente pesando sobre los
demás. Porque son tan mezquinos como su patrón. O quizá más.
Como
sea, resulta entretenida, se ve con una sonrisa malévola en los labios (no
risa, ni carcajada) y cierra con un plano que a algunos no gusta pero que a mí
me resultó acongojante.
Y
la báscula. Mira que le sacan partido a la báscula.
-A
veces hay que trucar la báscula.
1.
Entiendo hasta cierto punto que los americanos hagan remakes de películas en
otros idiomas. No quieren entender a otras culturas, no quieren poner subtítulos, tienen pasta, así
que hacen toda la peli de nuevo en su lengua. Ahora bien, ¿tan distinto es su
inglés del inglés de los ingleses? ¿Por qué rehacer la serie Ghosts si personajes y chistes son
los mismos?
2.
Vi un capítulo de Mucho más que listos.
Entiendo lo que pretenden. Aunque los humanos seamos frívolos e incultos
tenemos nuestro corazoncito. Vale. El problema es que yo he llegado a ese punto
de la vida en que pienso lo contrario: que tengamos nuestro corazoncito humano no
justifica que seamos frívolos e incultos. Pura superficialidad. Y, lo realmente
malo: sin ninguna gracia.
3.
El juego del calamar. 111
millones de visualizaciones según Netflix. Qué barbaridad. Ahora tengo claro
que, si la veo, será después de que pase el vendaval.
4.
Leí acerca de Wonka, una
precuela de Charlie y la fábrica de
chocolate protagonizada por Timothée Chalamet y dije: no es no. Ni
de broma. Y luego sigo leyendo que está dirigida por Paul King y también
actúan Sally Kawkins, Rowan Atkinson y Olivia Colman. ¿Por
qué es tan difícil mantener los principios? Porque tenemos otros.
Pierre
murió sin lograr resolver el secuestro de una niña. 20 años después su hija
Sarah, también policía, se encuentra con un caso similar.
Esta
serie policiaca francesa de seis capítulos no se apoya en descubrir quién lo
hizo. Pronto sabremos, más o menos, por dónde van los tiros, aunque también hay
alguna sorpresa. Su fuerza recae en el drama, en las repercusiones. Pienso que
lo hace bien.
Hay
un lastre de sentimientos que se acarrean durante 20 años. Explora bien las
diferentes ramificaciones sobre los policías, sobre la desconfianza a reabrir
un caso, sobre el deseo de la hija de rehabilitar al padre, sobre la perdida de
la objetividad… Y muestran cómo todos esos elementos personales entorpecen la
investigación o sirven de motivación. A veces ambas cosas a un tiempo.
Tenemos
al sospechoso principal como eje vertebrador de la historia. La cuestión está
en probar que es el culpable. La investigación se lleva a cabo con coherencia
y, a cada paso, vamos descubriendo nuevos aspectos del drama.
La
narración alterna entre los hechos de hace 20 años y el presente. La estructura
es bastante sólida pero sobran algunos de los hechos del pasado. La relación
adolescente entre Sarah y Tony se vuelve repetitiva, al igual que el drama de
Pierre.
Imagino
que nadie pensó en traducir como La
promesa el título original francés: La
promesse. Para alguien era más lógico usar el inglés The Promise.
-Usted
no habla español, ¿verdad?
Espero
que no me juzgues con dureza pero, en ocasiones, por algún motivo que se me
escapa, necesito revisitar el surrealismo insolente de Jim Jarmusch.
Películas
en las que no pasa nada. Sin argumento, sin propósito. Gente que habla, poco,
de cosas sin sentido. Aunque es cuestión de perspectiva. Es la película española de Jarmusch, rodada en
Madrid, Sevilla y pueblos perdidos. Buscando lo castizo.
No
hay razones para lo que se cuenta. Las cosas ocurren porque sí, porque el
director usó la imaginación, como el protagonista infiltrándose en el refugio.
Porque lo necesitaba para lo que podríamos llamar trama. Sin explicaciones.
Porque la realidad es arbitraria.
No
es de las mejores películas de Jarmusch. Tal vez sea su película con
menos argumento. Realmente pienso que fue simplemente una excusa para pagarse
un viaje por España y visitar, entre otras cosas, el Museo Reina Sofía. Pero
los que soportan a Jarmusch encontrarán esas conexiones sin lógica, un
mundo de mafiosos enfocados desde otra perspectiva, ese lugar donde puedes
ceder el control para centrarte en lo importante: una conversación idiota sobre
una película de cine, la historia de una guitarra o una alucinación.
Por
ahí aparecen Óscar Jaenada, Luis Tosar, Paz de la Huerta, Tilda
Swinton, John Hurt, Gael García Bernal, Hiam Abbas, Bill
Murray… Aparecen, sueltan dos tonterías, desaparecen y seguimos paseando
por calles antiguas o circulando por carreteras.
-Esa
es la verdad de la vida: un palmo de terreno.