Isla
y Sandy. Hermana y hermano. Desde hace 30 años viven solos en un
islote escocés. Hablan a los pájaros, se dan palizas entre ellos
como buenos hermanos y charlan con los mitológicos Hombres Fin.
Algunos opinarían que viven como salvajes. Entonces llega un
funcionario para comunicarles que les reubicarán.
Un
delirio no apto para realistas, es decir, para esos que creen que los
documentales son verdad. Ni siquiera para los que ven incoherencias
en el comportamiento de Loki y no se han parado a pensar que hay un
montón de gente volando y un chaval tirando redes con las manos. The
Incomer
está en otro nivel de desparrame neuronal.
Tiene
un encanto tosco, rudo. Tiene algo de drama flotante y personajes
atascados. Tiene algo de comedia oscura y retorcida.
Dios
mío. El
señor de los anillos
en versión burocrática: El
Balrog, Jefe de Finanzas…
El
comienzo puede ser muy loco, muy divertido. Pero poco a poco, el
conflicto con el extraño, con el que viene de fuera, hace que vayan
surgiendo preguntas.
¿Quién
es más feliz? ¿No están todos sumidos en la tristeza ya sean
isleños o continentales? ¿Importa cómo te criaste, creciste? ¿Son
relevantes tus sueños frustrados, imposibles? Tal vez la
civilización ofrece más posibilidades para descubrir quién eres y
eso es suficiente. O tal vez eso que llaman civilización no es más
que otra historia equivocada que no debes creer.
Y
por otro lado: ¿Está la política realmente para servir al
ciudadano?
Muy
buena dirección. El paisaje tiene su función narrativa y
atmosférica, hay encuadres fabulosos, planos de gran belleza.
Un
cuento extravagante, huraño, como si no quisiera dejarse querer.
Pero habla de muchas cuestiones y del poder de las historias: las que
contamos a otros y las que nos contamos a nosotros mismos.
Tan
absurdas como la vida. Muy humana.
-Hitchcock,
Hitchcock. Me gustan tus palabras.

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