-Mis vástagos: el inútil de Barnaby y la pécora Sallie.
Los hijos de Julian Sklar contratan a una restauradora, Lori, para que “restaure” o falsifique (según se quiera usar un eufemismo o no) los Christopher inacabados de su famoso padre que acumulan polvo en el desván. Sklar no quiere terminarlos. Los hijos quieren el dinero que los cuadros valdrán tras la muerte del progenitor.
A mí esta película me ha encantado. Se ve que está realizada por artistas que entienden de Arte, del proceso creativo, de crítica artística. Soderbergh abandona a Koepp como guionista y retorna a trabajar con Ed Solomon. No hacen una obra de teatro pero casi.
La relación entre Lori (Michaela Coel) y Sklar (Ian McKellen) refleja de algún modo ese parto creativo, la búsqueda del artista por conocerse a sí mismo y expresar su interioridad del modo más sincero posible. Y, al mismo tiempo, ella es el crítico, casi un psiquiatra, alguien que ha calado tan hondo en la obra que conoce aspectos del autor mejor que él mismo. Ese duelo de choques y encuentros me pareció fascinante.
Sé que no es para el gran público. Hay que saber de Arte del siglo XX y lo que vino tras Malevich. Constructivismo, Arte Conceptual. No es que se hable del viaje desde la Idea al Proceso pero de algún modo está ahí.
Y la reinterpretación moderna, el video arte, la deconstrucción…
Vale. Es mi tema. Por eso me ha tocado de cerca. El resto del mundo puede verla sencillamente como una relación humana, compleja, tortuosa y explosiva entre el artista y su fan.
No me gusta esa cámara agitada en tanto momento, comenté en Presence que hacía bien en no usar una cámara convulsa y aquí cae en ese defecto.
Interesante para los frikis del tema, amena para el resto del mundo.

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