Se
nota que estaba pensada como serie pero la cosieron para ser
película. Eso no es malo de por sí. De hecho facilita la crítica y
así podemos decir que el mejor fragmento es el “episodio” casi
silente de Grogu en solitario. Empieza con esa “merienda”
inesperada (muy divertida) y se desliza hacia el lado nostálgico. En
realidad va precedida por esa pelea de Mando en el bosque cuya banda
sonora anticipa la morriña.
Ese
carácter de serie tiene también sus desventajas. Está claro que
Disney ya ha renunciado, prácticamente, a cualquier superproducción
aparatosa, sea de Star Wars o lo que sea. Los efectos especiales (¿la
IA?) le van a resolver la papeleta. Aquí nos ceñimos a un bosque y
no hay grandes secuencias de masas ni combates con cientos de naves
espaciales. No hay ninguna pelea memorable, todas están rodadas en
la oscuridad, ninguna se te va a quedar en la memoria. La batalla
aérea final es un despliegue discreto, no tiene sentido y, por
tanto, tampoco ninguna emoción.
Sin
embargo, como dije al principio, es un buen entretenimiento. La
misión de rescate del hijo de Jabba el Hutt se complica porque el
“chico” no tiene mucho interés en ser rescatado. Eso lleva a que
se embrollen las alianzas entre los Hutts, los restos del Imperio y
la Nueva República. La trama personal tiene más fondo que la
política porque Grogu y la bestia parda Hutt se llevarán bien, pero
la trama política la resuelven caprichosamente de un plumazo y a
correr.
Sigourney
Weaver está por ahí, desaprovechada, y no entiendo qué
demonios hace Martin Scorsese doblando voz a un mono con 4
brazos después de haber puesto a parir a Disney. ¿Cuánto le habrán
pagado?
Me gusta que salgan tantos bichos diferentes pero no me gusta que se vean tan mal iluminados.
Si
sale Grogu te espabilas rápidamente, si no está él te dejas
llevar.

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