2/5/26

El diablo viste de Prada 2

-Cafetería. Ella jamás ha estado en ese piso.
Un ejemplo práctico de cómo el cine olvida al público. Basta con ver los títulos de crédito iniciales de ésta y de su predecesora para comprobar que técnicamente, la actual, es mucho peor. Nos plantamos en la primera escena. Hace 20 años era una apertura de suave comedia, ligera, chispeante, rauda. Ahora estamos en modo drama, buscan una tensión, mal planteada, con los móviles, prolongan en exceso un suspense que te da igual porque los protagonistas se han enterado antes que tú.
La peli arranca cuando aparece Emily Blunt. Aquí es un acierto ver a las tres actrices principales en, más o menos, equilibrio de poder. Esa situación de choque/coalición entre Blunt, Anne Hataway y Meryl Streep provoca estupendos diálogos: ácidos, corrosivos, divertidos. Stanley Tucci viene a ser el árbitro. Qué grande. La lealtad con patas. Lo subrayan demasiado. Poco sutiles.
A ver. Lo entiendo. Hay que hablar de la crisis del periodismo. Impreso y digital. La publicidad, lectores, redes. Vale. Pero no me gustan sus aspectos morales (en esta película) ni su discurso hipócrita. El contexto real es que hay que adaptarse. La parte de los lamentos, el drama, la muerte, me sobra, estoy muy a favor de la comedia pura y dura.
No hay un núcleo. Hay… misiones. Misión salvar Runway, misión entrevista a Sasha, misión los Hamptons, misión transición de poder, misión Milán, misión volver a salvar Runway… Es como una webserie. Es tiktoker. Unos minutos a un tema y pasamos a otro.
Me entretuvo, no está mal. A ratos es divertida, a ratos se esmeraron con los diálogos. Creo que ha perdido su esencia en el camino. Esto es otra peli de moda, distinta, donde Miranda Priestly quedó diluida. El montaje y el ingenio en la planificación está muy lejos de la película original.

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