A
mí me gusta la vida de los espías. No por la adrenalina ni por
llevar pistola. Tampoco por los misterios, la tensión o el engaño.
Me gusta porque cogen
vuelos sin
problemas, sin esperas, nunca tienen retrasos horarios. Están
desayunando con el marido e hijos en Londres, para el aperitivo ya
están a lo suyo en Malta, están de vuelta a primera hora de la
tarde para informar a los jefes y cenan de nuevo con la familia a las
19:00. Sin estrés,
sin colas, sin retrasos en los aviones. Da gusto.
Gemma
Arterton
es espía del MI6. Su marido, Rafe
Spall,
es el brazo derecho de la ministra de Interior. El primer ministro
tiene cáncer de páncreas y es un fastidio que el MI6 se entere al
escuchar una conversación de los rusos.
¿Lo
que más me sorprendió? La naturalidad con que los británicos
asumen a los oligarcas rusos interviniendo en sus vidas. Flipo.
Donaciones, invitaciones, campañas… ¿Y luego hablan de sanciones
a Rusia?
Me
gusta mucho la trama política de fondo (ministra de Interior y
ministro de Exteriores luchan por convertirse en primer ministro) y
cómo se entrelaza con los espías del MI6 (ambos candidatos a
gobernar el país podrían ser agentes rusos). El MI6 tiene sus
propias discrepancias y no saben si lo que oyen a los rusos es verdad
o trampa.
Un
enredo bien explorado y definido, desarrollando simultáneamente la
complejidad de ambos terrenos. Que tu presidente esté al servicio de
otro país es un problema. Una historia de narrativa actual pero con
estructura muy clásica que recuerda al estilo de la Guerra Fría. Es
muy interesante cómo nos ofrece una versión de las manipulaciones
de Rusia para infiltrarse en Europa.
Muy
bien la operación de La Valeta en el 1x03.
Así
sí. Así se cierra una serie. Un
final y un epílogo.
Mazazos
contundentes,
sólidos,
inapelables.
La política y el espionajes son mundos muy sucios. 5
capítulos.

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