Ty
y Maddie viajan en furgoneta.
Presencian un accidente y como buenos ciudadanos bajan a prestar
ayuda. Gran error. Un espíritu maligno sube
con ellos.
André
Ovredal es un director que me gusta bastante, pero ésta es la
que menos me ha gustado de las que he visto. Es una película de sus
sustos pedestres: subidón de sonido mientras aparece un corte brusco
en montaje. Por otra parte, aunque se explica el origen del demonio a
partir de leyendas de san Cristóbal, la actuación de dicho
demoniejo es un poco estúpida. La verdad es que es la gran pega de
casi todas las pelis de terror con espíritus: por qué el demonio no
se carga a los protagonistas y punto. La respuesta también es obvia:
no tendríamos película. Pero aquí, no sé, como que espera
demasiado, ¿no? Tanto que cuando tiene que matarlos ya es tarde. En
fin, que un ser de un poder inmenso, toma unas decisiones bastante
estúpidas.
Hay
tres grandes momentos en la peli. Primero esa secuencia de
Vacaciones en Roma. Cómo convierte la proyección de
una peli deliciosa en una escena terrorífica es sorprendente. Qué
tiene este tío en la cabeza. Segunda secuencia: el parpadeo entre la
oscuridad y las luces rojas. Muy lograda la tensión. Y tercera
escena: ese paseo macabro de la furgoneta sobre un campo sembrado de
cadáveres.
No
es de lo mejor del director pero aún así logra unas cuantas ideas
visuales llamativas. Hay algunas más, breves, puntuales, aparte de
las mencionadas. El argumento es un tanto antojadizo pero visualmente
tiene su terrorífico encanto.

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