No
es raro que en EEUU pierdan de vista la realidad y monten los
tiroteos que montan. Si organizas una persecución urbana para
decirle a un agente que vaya a trabajar, corres el riesgo de que se
líe parda por una imprudencia. Menuda broma. Esa secuencia absurda es la segunda de la peli.
Pronto
llega otra escena sin sentido: ¿cómo sabe Nigel quién es su
contacto si esperaba a otro? ¿Por qué no le avisaron? ¿Y si lo
sabe por qué cree que es el enemigo? ¿Y si cree que es el enemigo
por qué se acerca? ¿Y por qué cambia de opinión? La primera
escena se acepta por lo humorístico. La segunda me empezó a
arruinar la película a los 20 minutos. El nivel de despropósito en
el barco fluvial era preocupante.
El
coche bomba. Alguien tiene que explicarme cómo haces algo tan
imposible. No basta con que me digas: la bomba estaba ahí, es
magia. Puedes poner una bomba a un cualquiera. Pero no a ese
coche. Y si lo heces hay que darle contexto.
El
malo, buscado por la CIA y el MI6, te cita en una plaza. Y en vez de
enviar al ejército a por el tipo, tú vas y te conviertes en blanco
de un francotirador. De verdad que no puedo con las majaderías de
esta peli. Se admiten en una comedia o en una que va de aventura
loca. Pero es que ¡se lo toman en serio!
Lo
siento por John
Krasinski.
Me cae bien. Pero esto es un bodrio. En todos los niveles. Una trama
estúpida y una dirección pésima.
Hay pelis de espías buenas, regulares y malas. Ésta, además
de mala,
es, posiblemente, la más aburrida que he visto en mi vida.

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