-Lo
dices cada vez que vengo.
En
el siglo XIX Diego
Alves
se convirtió en el primer asesino en serie de la historia de
Portugal al arrojar, desde el acueducto, a 70 personas. Fue ahorcado,
decapitado y su cabeza se conservó en formol. Ahora estamos en 2026
y la misma noche en que desaparece la cabeza de Diego Alves, es
arrojado al vacío, desde el acueducto, un diplomático español. Es
sólo la primera víctima de un imitador.
Es
una de esas tramas que te muestra al asesino desde el principio.
No importa quién
lo hizo sino por
qué
lo hizo. El peso recae en la psicología del criminal. Y en la de los
investigadores: el inspector portugués, la inspectora portuguesa y
la inspectora española tienen sus conflictos y traumas diversos. Me
gustaron mucho sus caracteres.
Es
particularmente interesante el tema de fondo en el que incide tanto
el inspector luso: actuamos por impulsos. No tanto sentimientos sino
un repentino impulso irracional.
La
banda sonora es demasiado efectista e intrusiva.
Bastante
bien hasta que al terminar el capítulo 3 te das cuenta de que no
sólo quedan muchas cosas sin resolver sino que siguen abriendo
melones y que en 4 capítulos será difícil cerrar. Así se
convierte en otra de esas series desastrosas que no es una temporada
sino un cacho de temporada, finalizada abruptamente, con todo
abierto.
El
peor final de temporada -por llamarlo de alguna manera- que he visto.
Otra
serie que, por lo mal terminada, dudo que tenga nueva temporada,
precisamente lo contrario de lo que busca. Si hay otra yo no la veré.
-Esto
ya es personal.

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