Hay
cosas que me parecen tan buenas que pienso que todo el mundo las ha
visto. Y me pongo a hablar de Maverick,
como si hablara de un amigo a otros amigos, y descubro que me miran
con cara de póquer y piensan en Top
Gun.
Y
no. Esta Maverick
es la de póquer. Mel
Gibson,
un instante antes de morir ahorcado de un árbol en medio del
desierto, nos cuenta cómo ha llegado a esa situación. Timador,
fullero, liante. Hasta que topa con Jodie
Foster,
otra que compite con él en las mismas artes y añadidas armas de
mujer.
Richard
Donner
dirige un guion de William
Goldman,
un Western
atípico que conjuga aventura y comedia. El objetivo es participar en
una partida de póquer a bordo de un barco fluvial. Y para ello
necesitas poner 3 mil dólares por anticipado.
Ésa
es toda la trama: ir de A a B mientras consigues el dinero sin que
otros te desplumen. Y ya, si encima ganas…
Es
una delicia de película. Trampas, engaños, traiciones… Todo el
mundo guarda un as en la manga. Comedia pura con situaciones
delirantes y giros inesperados. Y no hay que olvidar a secundarios
como James
Garner,
Graham
Greene,
Alfred
Molina,
James
Coburn…
Pero
sí: la química entre Gibson
y Foster
es difícilmente igualable. Qué divertidos están los dos en su
dinámica de confrontación y acercamiento.
Creo
que el cine actual debería revisarla para que entienda lo que es una
comedia pero, sobre todo, una aventura. Este viaje hacia el Missouri
es una caja de sorpresas de la que hay mucho que aprender.
La
partida final, ese naipe, esa intensidad delirante, es puro cine.
De
verdad: si no has visto Maverick,
tienes que verla. Y si la has visto, también.
-Vaya.
Mira esto. Aquí hay un montón de dinero y tu pistola está a dos
metros.

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