Renny
Harlin y Geena Davis habían trabajado juntos en La
isla de las cabezas cortadas, todo un fracaso comercial y un
éxito en mi memoria. Pero se ve que se lo pasaron bien, les importó
un bledo la opinión de la gente y al año siguiente volvieron a por
más: Memoria letal.
Tenía
cosas increíbles. Y cuando digo increíbles lo digo literalmente:
increíbles. Esa secuencia de la granada, salto desde el tercer piso
y… Por el bigote de Samuel L. Jackson: es que esa escena aún
no ha sido superada. Si te lo tomas en serio claro que pones a parir
la peli. Pero es que es divertidísima.
Desde
el punto de vista de la acción pudo ser una protoversión de El
caso Bourne. Porque esa es la trama. Idéntica. Una mujer
amnésica va a descubrir que era una “ejecutora”, formada en un
grupo secreto de la CIA para realizar operaciones encubiertas.
El
problema eran las idas de la olla del guion y sus malísimos diálogos
supuestamente graciosos. Pero es que si hubieran dirigido Liman
o Greengrass la saga Bourne se habría
adelantado 6 años y como dirige Harlin estamos ante una
comedia tontorrona intercalada con escenas de acción.
Harlin
lo mezcla todo. La pistola oculta en la bragueta como chorrada y la
relevancia que eso tendrá en su momento. Momentos de dirección
ingeniosos y tramas estúpidas que están ahí porque se le ocurrió
que podía tener su gracia (para él) y que no iban a ningún lado.
Es lo que hay. Lo tomas o lo dejas.
Porque
hay que reconocerla momentos muy imaginativos. Ya mencioné lo de la
granada. Pero es que no se ven muchas torturas como la de la noria de
agua. O ideas como la muñeca meona. O el grillo.
En
fin. No era buena. Era entretenida. Y ya no espero la segunda parte
porque llegó Bourne.

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