Ron
presenta el proyecto de un nuevo centro comercial. Es un gran
momento. Al sentarse, la silla se rompe y Ron termina en el suelo
haciendo el ridículo. Busca, indignado, la empresa que fabricó las
sillas y sospecha que es una fachada para una conspiración criminal
gigantesca. Se vuelve paranoico y su paranoia hace que todo se
complique aún más.
Pero
no
eres paranoico si un tipo trata de romperte la cabeza con un tubo
metálico como advertencia para que dejes
de
indagar.
El
humor incómodo tuvo un paradigma en Mr.
Bean.
Un impresentable, un imbécil, un tipo al que no quieres cerca y que
la pifia a lo grande allá por donde va. La diferencia entre Mr.
Bean
y las modernas series incómodas actuales es que ahora todos,
absolutamente todos, son imbéciles. Somos imbéciles. Es un retrato
de nuestra sociedad. Gente imbécil con reacciones imbéciles
haciendo cosas imbéciles del modo más imbécil posible.
Ron
avanza en su investigación porque aquellos con quienes topa son tan
tarugos como él. Mientras se desmorona su orgullo herido, va
quebrándose su vida familiar, laboral… A cada decisión demencial
que toma le suceden consecuencias más y más locas.
Me
atraía por el suspense pero la solución la
dejan para otra temporada. Otra serie más cuya primera temporada es
totalmente prescindible.
Están más interesados en el humor tontorrón que a mí no me hace
mucha gracia. Sólo en contadas ocasiones me hizo reír. Además me
irritó tanto grito y tanto desgañitarse por chorradas. A Tim
Robinson,
el protagonista, es difícil calarle. Lo mismo tiene una reacción de
absoluto demente que funciona de modo normal y hasta da muestras de
inteligencia. Desconcertante.
En
fin. Hay gente que disfruta pasando vergüenza ajena. Yo no. Pensé
en abandonar pero la terminé sólo para poder dar una opinión de la
serie completa.
Vuelvo
a pensar que los yanquis tienen cerebros que no maduran más allá de
los 13 años. Da grima ver a adultos comportarse como adolescentes
llorones.

No hay comentarios:
Publicar un comentario