Última
parte de la trilogía de County Line. Una saga que
comenzó siendo de serie B y lo siguió siendo pero mejorando
notablemente a cada paso que daba.
En
este último título tengo que reprocharle que las escenas de acción
sigan siendo tan malas como en la primera y la segunda. Y el problema
es que, conscientes de que son malas -o deberían ser conscientes-
las alargan de modo muy innecesario. Excepto eso, el resto está
bastante bien rodado si lo comparamos con las anteriores.
Como
siempre y mejorando los precedentes, el fuerte son las relaciones de
los personajes. Esta vez, por una carambola, llega a las puertas de
los condados de Maksville y York, la mafia de Atlanta.
Está
bien la idea de fondo: plantearlo como una partida de ajedrez en la
que la ley y el desorden, los sheriffs y los criminales se van
poniendo trampas para ver quién caza a quién. Que pongan un tablero
de ajedrez ocasional, intercalado en el montaje, me pareció una
buena idea.
No
añado nada nuevo a las anteriores. Sencilla, gente maja haciendo lo
que tiene que hacer. Aquí aprecié que Alden, al dejar la placa, se
decida por hacer algunas cositas un poco ilegales para inclinar la
balanza de la justicia hacia el lado correcto. Humaniza al personaje,
no lo hace tan estirado y le dan un toquecillo cuestionable.
Caray
con la mamá mafiosa.

No hay comentarios:
Publicar un comentario