Defensa
(1972) de John Boorman no inauguró las películas sobre la
caza de hombres, pero sí abrió mucho la perspectiva acerca de lo
macabro que te querías poner: podía ir del terror psicológico a lo
más gore y salvaje.
Baltasar
Kormakur toca aquí ambos palos y prefiero con mucho la
persecución a lo macabro. Bien es cierto que esta parte dura poco y
volvemos a la acción, a las correrías por bosques, cascadas y
rocas. Es lo que se le da bien al director. Siempre sabe encontrar un
ángulo que te produce vértigo, rueda muy bien esas caídas, esos
escenarios a los que les da un aire épico. Everest o
Katla son prueba de su capacidad para filmar la
naturaleza con una mirada muy particular.
Tampoco
es que haya mucho más. Charlize Theron da vida a Sasha, una
mujer adicta a los deportes extremos, a la adrenalina. Intentando
superar un trauma (sí, cliché) acaba en una zona agreste de
Australia donde el perturbado de Taron Egerton es un psicópata
que se dedica a matar a los turistas que atraviesan los bosques. Los
dos saben perfectamente cómo interpretar esos papeles con la
intensidad requerida.
Hay
buenas secuencias: bien rodadas y con mucha tensión. Mi favorita es
ésa en la que van atados por un cable metálico.
La
trama es previsible y no aporta nada nuevo pero es muy meritorio el
uso de la cámara, es entretenida, a ratos espectacular, no se
alarga.
Lo
de poner a la cecina el nombre de su madre por algo será. Y ya que
tenías ahí a Aaron Pedersen yo le habría dado un poco más
de trabajo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario