1/4/26

La Grazia

Una vez definido el tema ya sé el final. No hay suspense. Un presidente católico con problemas legislativos sobre eutanasia. Da igual quién sea el presidente porque el que dirige es
Sorrentino. Y uno de los mayores hedonistas, alérgico al sufrimiento, sólo puede apostar hacia un lado. Por eso el resto del discurso me sobra: sé lo que va a pasar y siento que me quiere manipular sin conseguirlo.
Mi problema es que soy muy racionalista y poco sentimental. Pienso que matar está mal. Punto. De hecho me parece aún peor matar a alguien porque se concentra peor que tú o no es tan listo o está más débil. Pero claro: es que tú eres tan listo y fuerte… La eutanasia me parece la legalización del genocidio por la razón que al Estado le dé la gana. Tenemos reciente, en España, el espeluznante caso de Noelia. El Estado quita la custodia a los padres, vive sin amor, desprotegida, historial de depresión, violación, intento de suicidio, el Estado la eutanasia para que deje de dar problemas. La chica, en vez de demandar al Estado pide eutanasia. Esas son las consecuencias de que el Estado decida quién vive o muere. No la mandanga florida de Sorrentino.
Otro asunto que me impide entrar de lleno: ese presidente italiano parece un personaje de hace 40 o 50 años, cuando en las naciones mandaban estadistas, no publicistas. Este presidente es de la era de Reagan, Thatcher, Gorbachov. No me lo creo en la era de los payasos actuales. Menos aún en un futuro próximo con un Papa negro que va en moto. Y eso sí es raro en Sorrentino. Esperaba un presidente extravagante en la línea del Papa de The Young Pope.
Más que la cuestión de la eutanasia o los indultos me atrajo el recuerdo de su mujer fallecida. Es muy bonito cómo recuerda más el modo de vestir de ella que el de él. Aurora está siempre presente, todo lo demás parece importarle poco.
Pero, en fin, a Sorrentino lo vemos por su estética, no por su contenido. Y ahí está mucho más sobrio de lo habitual. Y se lo agradezco. Que sea menos relamido. Más cerca de Las consecuencias del amor que de La gran belleza.
La secuencia de apertura ya es muy buena: el cielo, la constitución italiana, los aviones soltando humo para dibujar la bandera… Luego están esas habitaciones presidenciales que parecen expresar la interioridad del presidentes (vacías, solitarias, contrastes de luz y oscuridad), cosas rarunas como el perro robot o cosas surrealistas como la llegada del presidente de Portugal (¿a qué viene eso?), elementos que se entrelazan (las dos visitas en la sala de espera de la cárcel, el astronauta, ¡su lágrima!). Interesante la idea que aparece, de diversos modos, de sentirnos ligeros, de liberarnos de la carga que llevamos.
Toni Servillo se sale. Supongo que él y el director se conocen tan bien que ya no necesita que le dirijan. Pero mi personaje favorito ha sido Coco, muy especialmente en la última escena, como diciendo: esto es una peli no te tomes nada demasiado en serio.
En fin. Sorrentino. Sí. Creo que me ha gustado mucho su moderación. Ya vendrá otra manierista y recargada. Digo yo.

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