El
giro principal de esta historia de Sherlock Holmes -no es espoiler,
es el punto de partida- reside en que el detective genial es Watson y
Sherlock un mero actor contratado para figurar. La triquiñuela sólo
la saben la señora Hudson y los Irregulares de Baker Street.
Pero
eso puede cambiar porque tras una disputa Watson despide a Holmes.
Michael
Caine es Sherlock, bebedor, mujeriego, maleducado. Garrulo. Y Ben
Kingsley es Watson, tan inteligente como cabe suponer pero está
descubriendo el monstruo que ha creado.
Las
interpretaciones son mejores que las de La vida privada de Sherlock Holmes, pero no el guion. Ahí estaba Billie
Wilder. Lo digo porque creo que el guion de Sin pistas
se inspira bastante en el de Wilder:
los chistes sobre homosexuales, la estructura del relato, la falsa
identidad, el viaje hacia un pueblo, los momentos de humor
surrealista.
Nada
de todo ello alcanza el ingenio de Wilder aunque debo
reconocer que el final de la presente película me hace bastante
gracia en sus ocurrencias absurdas.
No
es la mejor película sobre Sherlock, pero no es mala película: las
interpretaciones, el planteamiento novedoso y la relación entre los
dos personajes principales tiene su interés. Como tantas otras veces
el caso criminal es el gancho pero en el fondo se trata de la amistad
entre esos dos seres tan dispares.

No hay comentarios:
Publicar un comentario