20/4/26

Yoroi

Aurélien es un famoso rapero francés. Tras el último concierto descubre que el éxito no le dice nada. Su esposa japonesa está embarazada y deciden desconectar del mundo y mudarse a una casita perdida en Japón. La casa tiene un pozo raro. Y una armadura más extraña aún.
Aunque se desarrolla en la actualidad, es una película de aire muy ochentero. Me recuerda a esas aventuras tipo Golpe en la Pequeña China o Agárrame esos fantasmas. Aventuras exóticas, situaciones absurdas, locuras inesperadas.
La armadura de Aurélien despierta espíritus malignos. Esos yokai son, en el fondo, expresiones de sus propios conflictos y miedos. Por ejemplo, la primera criatura (pegajosa, inmovilizante) se parece al padre. Aquí funciona bien la metáfora obvia. Un tipo agobiado por la fama, críticas en redes, amenazas, sensible a las opiniones y se añade el miedo a la paternidad. Se recubre con una armadura para protegerse pero es la propia armadura quien invoca a los yokai.
Me gusta bastante pero admito que no es muy buena. Simplemente encajo bien con ese espíritu sencillo y juguetón. Me hace gracia esa pasividad con que Aurélien recibe todo en un inicio y cómo deja que, en situaciones de peligro, sea su esposa la que se adelante. Para algo es experta en Artes Marciales Mixtas. Aun embarazada.
Es el proceso de maduración de un tipo que aún está anclado en la adolescencia mental. El intento por superar su primera crisis matrimonial. Tal vez no se necesitan tantas peleas fantasmales pero su ambientación -a caballo entre Francia y Japón- es resultona. Oriente con sus tradiciones y mitos frente al excesivo racionalismo europeo. En Oriente siempre hay algo más en la trastienda de negocios aparentemente normales.
Creo que no termina de funcionar el juego meta Aurélien-Orelsan, personaje e intérprete. Rebasa la metáfora para dar doctrina. Esa mirada de superioridad moral. Algo tosco. Tan explícito como un gangsta rap.
Entretenida. No le pidas mucho.

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