Eso
es lo que se dicen los norcoreanos. Lo que se dicen los amantes, las
madres a las hijas… Para un norcoreano sobrevivir es la única
razón de la existencia.
Humint.
Abreviatura de recopilación de información por inteligencia
humana.
La
secuencia de apertura sitúa el contexto. Una escena de gran crudeza
por su inmoralidad
y violencia. Estamos en el sudeste asiático y un surcoreano trata de
obtener información sobre drogas rusas de una norcoreana vendida
como esclava sexual. Cuidadísima su estética de la sordidez.
Lo
que fue Berlín para las pelis clásicas de espías, ahora es
Vladivostok. Ahi, en el restaurante Arirang, se encuentran espías
rusos, chinos, norcoreanos y surcoreanos. El agente Zo, surcoreano,
sospecha que el narcotráfico y la trata de mujeres es algo entre
Rusia y Corea del Norte. Un agente norcoreano, Geon, también
investiga a los rusos y a su propio cónsul.
La
trama es sencilla: extraer a una confidente antes de que sea
demasiado tarde. Pero está muy bien contado. Una trama inicial,
relativamente calmada, en la que todo el mundo espía a todo el
mundo, disponiendo las piezas en el tablero. Después un metraje más
centrado en la acción, muy bien rodada, donde deben cooperar
personas que no deberían estarlo haciendo. Lo del enemigo de mi
enemigo es mi amigo. El tiroteo sobre la nieve se alarga en exceso.
No
descubre nada nuevo pero para un occidental tiene bastante interés
ver cuáles son los conflictos en Oriente, los problemas, rivalidades
y tensas coaliciones. Ejecutado con contundencia, sin miramientos y
tres personajes principales bien caracterizados en sus motivaciones.
No
es un final de Hollywood.
Qué
bestia el malote ruso, oye.

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